Mercurio, el planeta más cercano al Sol, siempre pareció inhabitable. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere lo contrario. Bajo sus polos podría haber lugares donde la temperatura se mantiene suave, lo bastante como para pensar en refugios humanos algún día.
A unos setenta centímetros bajo la superficie, los polos conservan una temperatura cercana a los 22 grados Celsius, como la de una casa en la Tierra. A mayor profundidad, cuatro metros, el cambio térmico casi desaparece. Allí abajo, un anillo subterráneo de más de 200.000 kilómetros cuadrados conserva un clima estable todo el año.
Esa franja templada está protegida de los extremos que castigan el exterior, donde la temperatura puede pasar de 430 °C bajo el Sol a -185 °C en la noche. Como el eje del planeta apenas se inclina, solo 0,01 grados, hay regiones que reciben luz casi constante, algo parecido a los “picos de luz perpetua” que existen en la Luna.
Ventajas frente a otros destinos
La gravedad de Mercurio es de 0,377 g, más del doble que la lunar. No es mucha, pero bastaría para evitar los problemas de salud que provoca vivir con tan poca gravedad. Además, es similar a la de Marte, lo que haría más fácil la adaptación a largo plazo.
El planeta recibe una radiación solar unas once veces más intensa que la Tierra. Eso, lejos de ser un obstáculo, podría ser una ventaja. Con la luz casi constante de los polos, sería posible instalar torres solares que recojan energía día y noche y la distribuyan en red.
Bajo el suelo también hay riqueza. El hierro y el helio-3, un combustible ideal para los reactores de fusión, convierten a Mercurio en un destino con potencial económico y energético. Algunos científicos ya lo ven como un laboratorio natural para probar tecnologías de energía limpia.
Hielo, túneles y hábitats posibles
Las misiones MESSENGER y BepiColombo confirmaron la presencia de hielo en los cráteres polares, donde nunca llega la luz directa. Algunos depósitos podrían alcanzar veinte metros de espesor, cubiertos por regolito oscuro que los protege de la evaporación.
Ese hielo sería clave para cualquier misión futura, agua para beber, oxígeno, combustible. Una colonia que lo aproveche podría ser autosuficiente y reducir su dependencia de la Tierra.
Además, el planeta tiene cuevas y túneles de lava parecidos a los de la Luna. En su interior podrían construirse bases presurizadas, granjas y laboratorios protegidos del calor y de la radiación.
Una idea más ambiciosa, la llamada “paraterraformación”, propone cubrir las zonas polares con cúpulas transparentes y atmósferas artificiales. Bajo esas cúpulas el hielo se derretiría y crearía lagos, aire respirable y un ciclo cerrado de agua y carbono, algo así como una pequeña biosfera en miniatura.
Si algún día el ser humano coloniza Mercurio, no será en su superficie abrasadora, sino bajo ella. Donde la temperatura es amable, la energía sobra y el silencio del planeta podría convertirse en el hogar más improbable del sistema solar.