Un equipo internacional de científicos ha advertido sobre una crisis silenciosa que amenaza los esfuerzos globales para proteger la biodiversidad y frenar el cambio climático: el abandono prematuro de miles de proyectos de conservación.
El análisis, publicado en Nature Ecology & Evolution y liderado por investigadores de la Universidad de Sídney y el Imperial College de Londres, revela que al menos un tercio de las iniciativas destinadas a restaurar ecosistemas o conservar hábitats naturales son abandonadas pocos años después de su lanzamiento.
El fenómeno, denominado “abandono de la conservación”, se produce cuando los programas pierden financiación, dejan de aplicarse o incluso son revertidos por decisiones políticas. Aun así, muchos de estos proyectos siguen apareciendo en los informes oficiales, lo que genera una falsa sensación de progreso ambiental.
“El mundo invierte más de 87.000 millones de dólares al año en conservación, pero sin continuidad, esas inversiones apenas producen efectos duraderos”, explica el investigador Matthew Clark, autor principal del estudio. “La recuperación ecológica real puede tardar décadas, y sin seguimiento, simplemente estamos maquillando las cifras”.
Los expertos identificaron más de 3.700 casos en los que la protección legal de áreas naturales fue reducida, degradada o eliminada. En algunos países, la desclasificación permitió la reanudación de actividades como la minería, la pesca industrial o la perforación petrolera en zonas previamente protegidas.
La coautora Carly Cook, de la Universidad de Monash, subraya que “nadie está verificando si las reservas, parques nacionales o áreas marinas protegidas siguen siendo gestionadas o si aún existen de forma efectiva”.
En África y Sudamérica, el abandono de programas comunitarios ha dejado sin respaldo a decenas de proyectos de conservación local. En Chile, por ejemplo, el 22 % de los derechos pesqueros comunitarios fue suspendido, mientras que en Canadá una zona marina protegida perdió su estatus para permitir exploraciones petroleras en más de 26.000 kilómetros cuadrados.
Los investigadores advierten que Australia, pese a su amplia red de reservas, tampoco está exenta, ya que numerosas iniciativas ambientales se han visto afectadas por recortes o cancelaciones silenciosas tras su implementación inicial.
Además, el estudio plantea serias dudas sobre la transparencia de los mercados de créditos de carbono, ya que muchos proyectos contabilizados como activos han dejado de operar o carecen de monitoreo independiente.
“El lanzamiento de un proyecto es solo el comienzo”, afirma Clark. “Si no aseguramos su permanencia a largo plazo, todo el esfuerzo se diluye y el planeta retrocede”.
Los autores piden establecer un sistema global de monitoreo del abandono de la conservación, con financiamiento sostenible y mecanismos de rendición de cuentas. También instan a los gobiernos a reportar públicamente las cancelaciones y recortes, y no solo las nuevas áreas protegidas.
“Las políticas ambientales actuales están más enfocadas en anunciar que en mantener”, concluye Cook. “La conservación no debería medirse por la cantidad de proyectos iniciados, sino por los ecosistemas que realmente sobreviven”.