Vaca Muerta, esa joya energética que posiciona a Argentina con la cuarta reserva de shale oil más importante del planeta, está pasando por un momento complicado. El ritmo de perforación viene cayendo y eso tiene al gobierno de Milei con la mirada puesta en el termómetro de la actividad.
Las cifras hablan solas, tres meses seguidos de caída en la cantidad de pozos que se perforan, y en julio el fracking bajó casi un 10% comparado con junio. ¿Los culpables? El precio del petróleo que no levanta cabeza y los costos que no paran de trepar.
La Casa Rosada había puesto fichas grandes en Vaca Muerta como la gallina de los huevos de oro energéticos, con planes de llegar a exportar 30 mil millones de dólares por año de acá a 2030. Pero claro, con el barril dando vueltas en los 65 dólares cuando el año pasado llegaba a 90, la cuenta no cierra tan fácil.
Las petroleras pesadas del sector -Chevron, Tecpetrol, TotalEnergies- ya le bajaron línea al gobierno, necesitan reforma laboral y que saquen los controles de cambio si quieren que sigan metiendo guita. Dicen que tanta incertidumbre política y económica les está frenando proyectos importantes en Neuquén.
Daniel González, el tipo que maneja Energía y Minería, no se anduvo con vueltas, producir acá sale entre 35 y 40 por ciento más caro que en la zona del Pérmico yanqui. "Van a quedar los que sean más eficientes", tiró en una charla hace poco.
Entre que la mano de obra subió, los insumos industriales están por las nubes y el peso se fortaleció, las empresas están viendo cómo sus márgenes en dólares se achican. Algunas ya empezaron a ponerle freno a las exportaciones porque no pueden competir con lo que sale producir en Brasil o Estados Unidos.
Las consultoras que siguen el sector ya están prendiendo alarmas, si esto sigue así, la producción se puede estancar más temprano que tarde. La advertencia es clara, si no se mueven rápido, Argentina puede dejar pasar la chance de convertirse en un jugador serio de la energía en la región.
La gran apuesta de Milei por hacer de Vaca Muerta la estrella de su modelo económico está chocando con la realidad. Si no logra que las empresas recuperen la confianza y abran la billetera, ese sueño del superávit energético se puede ir diluyendo antes de hacerse realidad.