Un nuevo informe vuelve a situar a España entre los países europeos con mayor riesgo de apagón eléctrico. El motivo principal es la baja capacidad de interconexión con sus socios comunitarios, un problema que quedó al descubierto tras la crisis energética del 28 de abril.
Cinco meses después de aquel corte, que dejó sin luz a sesenta millones de personas durante más de quince horas, las causas exactas siguen sin aclararse. Lo único evidente es que la debilidad estructural de la red ibérica amplifica cualquier incidencia.
España y sus limitadas interconexiones
Hoy la Península Ibérica depende de apenas tres conexiones, Francia, Portugal y Marruecos. Esa escasez limita la capacidad de reacción del sistema, que queda prácticamente aislado en caso de un fallo mayor. Cuanto menos apoyo externo, mayor exposición a apagones.
Según Ember, el 55% del sistema eléctrico europeo tiene opciones limitadas de importación. España, Irlanda y Finlandia aparecen arriba en el ranking de vulnerabilidad. En el caso español, preocupa aún más por el peso de su economía y la cantidad de población en riesgo.
El documento subraya que España está muy lejos del objetivo europeo de interconexión mínima del 15%. Esa brecha convierte al país en un eslabón débil de la seguridad energética continental, justo en medio de la transición renovable.
Lecciones del gran apagón ibérico
El 28 de abril España y Portugal vivieron un apagón masivo de casi 24 horas. El fallo del interconector con Francia dejó sin suministro a millones de hogares y empresas, paralizó hospitales, frenó el transporte público y exhibió la fragilidad del sistema regional.
Expertos recuerdan que la recuperación se logró gracias a las pocas interconexiones activas. Si esas también hubieran fallado, el corte se habría prolongado mucho más. El episodio dejó una lección clara, la península necesita reforzar sus enlaces eléctricos.
Inversión y soluciones en debate
La Agencia Internacional de la Energía calcula que Europa debería duplicar su inversión en redes antes de 2030. Pasar de unos 255.000 millones a más de 500.000 millones de euros anuales. Parte de ese esfuerzo tendría que destinarse a reforzar los vínculos entre España y el resto del continente.
El estudio plantea además nuevas herramientas de flexibilidad. Una de ellas, el uso de vehículos eléctricos conectados a la red con tecnología V2G. En situaciones críticas, esos coches podrían devolver energía y suavizar el impacto de un apagón prolongado.
Los analistas concluyen que la seguridad energética española no depende solo de instalar más renovables. Se necesita una red robusta y conectada. Sin interconexiones sólidas, cualquier avance en solar o eólica corre el riesgo de apagarse con un solo fallo crítico.