Un equipo binacional de Chile y Estados Unidos documentó por primera vez peces de valor comercial utilizando una filtración de metano como hábitat en el Pacífico chileno. El hallazgo, realizado con un vehículo operado remotamente (ROV), revela una conexión inesperada entre estos ecosistemas de las profundidades y las pesquerías costeras.
La observación más llamativa fue la de decenas de anguilas rojas (congrio colorado, Genypterus chilensis) embebidas en un denso matorral de gusanos tubícolas sobre un montículo a ~435 metros de profundidad, frente a El Quisco (Chile central). En dos inmersiones consecutivas se contaron entre 46 y 48 ejemplares asomando la cabeza entre los tubos calcáreos.
Las filtraciones de metano son puntos del lecho marino donde emergen metano y sulfuros. Allí, microbios quimiosintéticos convierten compuestos químicos en energía y sostienen comunidades complejas de invertebrados —como los gusanos tubícolas— que, a su vez, generan estructura y refugio para otros organismos.
Los videos registraron además interacciones con cangrejos araña residentes, que podrían estar “limpiando” parásitos de los peces, una conducta conocida en aguas someras pero rara vez descrita en estos ambientes. Alternativamente, las agregaciones podrían responder a alimentación, reproducción o simple refugio físico.
El congrio colorado es apreciado en caletas y restaurantes chilenos, pero estudios previos alertan sobre sobrepesca y capturas de individuos inmaduros. Que esta especie utilice filtraciones de metano sugiere que estos sitios pueden tener un papel ecológico clave en su ciclo de vida.
El montículo con alta densidad de peces resultó excepcional, en otros 11 montículos cercanos apenas se observaron tres peces en total. Alrededor del sitio se detectaron redes y artes perdidos, lo que indica actividad pesquera y subraya la necesidad de manejo específico.
Para la gestión, los autores proponen evaluar si estos puntos funcionan como áreas de desove, estaciones de limpieza o zonas de alimentación, e incorporar esa información en medidas de protección espacial o temporal que reduzcan el impacto de la pesca sobre hábitats de alta sensibilidad.
El trabajo, publicado en Ecology, contó con investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía (UC San Diego), la Universidad de Valparaíso, la Universidad de Aveiro y la Universidad de Boston, y el apoyo del Schmidt Ocean Institute, que aportó el buque Falkor (too) y el ROV SuBastian.
El hallazgo amplía la lista de especies comerciales asociadas a filtraciones de metano (como merluza negra o cangrejo de las nieves) y refuerza la idea de que estos oasis químicos, lejos de ser enclaves aislados, están más conectados con la red trófica y las pesquerías de lo que se pensaba. Los científicos piden volver al área para muestreos estacionales y estudios de largo plazo.