Vivir cerca de un volcán nunca ha sido solo una cuestión de lava y cenizas. Algunos de los desastres más letales han llegado cuando una ladera entera se desploma, como ocurrió en el Monte Santa Helena en 1980 o en el Anak Krakatau en 1883, que generó tsunamis devastadores.
Un equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania, liderado por la geocientífica Christelle Wauthier, desarrolló modelos que permiten prever cuándo un volcán puede perder estabilidad. El objetivo es claro, ganar tiempo para preparar evacuaciones y minimizar las pérdidas humanas ante un posible colapso.
El estudio, publicado en Journal of Geophysical Research, Solid Earth, combina ejemplos históricos de colapsos volcánicos con simulaciones que analizan cómo la presión del magma deforma la corteza. Según los investigadores, esa presión puede debilitar fallas preexistentes y desencadenar un deslizamiento catastrófico en cuestión de minutos.
Los modelos identifican qué zonas de un volcán son más vulnerables, dependiendo del ángulo de las fallas y de la topografía. Laderas con inclinaciones suaves o con bloques fracturados tienen más probabilidades de deslizarse, sobre todo si el magma asciende bajo el mismo cráter y empuja hacia arriba.
El caso del Anak Krakatau sigue siendo el ejemplo más trágico, más de 36.000 personas murieron en 1883 cuando el colapso del volcán provocó olas de más de treinta metros. Más de un siglo después, en 2018, el mismo volcán volvió a ceder parcialmente, causando otro tsunami que mató a 400 personas.
“Estos colapsos pueden ser muy peligrosos”, advirtió Wauthier, que destacó que sus modelos pueden guiar la colocación de sensores sísmicos y GPS en flancos inestables. Con un monitoreo continuo, es posible detectar señales tempranas de que una ladera está a punto de ceder y activar planes de emergencia.
Los investigadores creen que esta herramienta representa un paso hacia la reducción de riesgos en comunidades vulnerables situadas en zonas volcánicas. En el futuro, perfeccionar estos modelos y aplicarlos en diferentes entornos geológicos podría marcar la diferencia entre una tragedia inesperada y una evacuación a tiempo.