Durante mucho tiempo, se creyó que los hipopótamos desaparecieron de Europa al cierre del último interglaciar, hace unos 115.000 años. Pero un reciente estudio liderado por la Universidad de Potsdam viene a sacudir esa idea, al parecer, estos animales lograron sobrevivir bastante más de lo que se pensaba, coexistiendo incluso con mamuts y rinocerontes lanudos en pleno apogeo de la Edad de Hielo.
El hallazgo surgió a partir del análisis de huesos encontrados en el Alto Rin, en el suroeste alemán. Los restos, datados entre hace 47.000 y 31.000 años, estaban en un estado de conservación que sorprendió a los propios científicos. Radiocarbono mediante y con apoyo del análisis genético, se confirmó que pertenecían a hipopótamos reales, no a simples confusiones fósiles.
“El estudio cambia por completo lo que dábamos por hecho”, comenta Patrick Arnold, paleobiólogo y autor principal de la investigación publicada en Current Biology. “Muchos fósiles que se atribuían a épocas más cálidas podrían estar mal fechados”.
El ADN extraído reveló algo igual de sorprendente, estos hipopótamos eran de la misma especie que los africanos actuales (Hippopotamus amphibius). No obstante, su variabilidad genética era muy baja —una señal clara de que vivían en poblaciones pequeñas, probablemente confinadas a microambientes más templados en medio de un paisaje glaciar hostil.
El hallazgo lleva a replantearse el propio escenario ecológico de la Europa glacial. Las riberas del Rin no eran un páramo helado y homogéneo; al contrario, conformaban un mosaico donde criaturas de climas fríos y cálidos compartían territorio. Los autores del estudio incluso comparan esta convivencia con los refugios climáticos que hoy en día preservan la biodiversidad frente a condiciones extremas.
Más allá del dato curioso, el descubrimiento arroja luz sobre cómo respondía la fauna a los vaivenes climáticos del Pleistoceno. “La Edad de Hielo no fue un bloque uniforme de frío”, subraya Wilfried Rosendahl, del Museo Reiss-Engelhorn. “Había rincones donde el clima seguía siendo lo bastante benigno como para sostener especies propias de ambientes cálidos”.
Este trabajo forma parte del proyecto interdisciplinario Eiszeitfenster Oberrheingraben, financiado por la Fundación Klaus Tschira. El objetivo es ambicioso, reconstruir cómo ha evolucionado el entorno de Europa central a lo largo de los últimos 400.000 años. Como siguiente paso, el equipo planea analizar restos de otras especies templadas para entender mejor cómo lograron sobrevivir en condiciones tan extremas.