El eclipse total de Sol del 8 de abril de 2024 oscureció al mediodía una franja del centro y este de Estados Unidos y, con él, cambió algo más que la luz. Las aves se descolocaron, muchas callaron, otras arrancaron a cantar y, cuando volvió el Sol, estalló un coro que parecía de amanecer. Así lo muestra un estudio de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS).
El trabajo, dirigido por la investigadora Liz Aguilar, unió ciencia ciudadana, inteligencia artificial y registros acústicos en campo. La idea era sencilla y potente, medir cómo un cambio brusco de luz altera los ritmos biológicos de las aves, cuyos cantos siguen de cerca el ciclo día-noche.
Para lograrlo, el equipo creó la app SolarBird. Miles de voluntarios registraron en tiempo real el comportamiento de las aves durante el eclipse. Con su ayuda reunieron casi 10.000 observaciones a lo largo de más de 5.000 kilómetros, siguiendo la trayectoria del fenómeno.
En paralelo, instalaron grabadoras automáticas en varios puntos del sur de Indiana. Antes, durante y después de la totalidad captaron cerca de 100.000 vocalizaciones de 52 especies. Luego, analizaron todo con BirdNET, un sistema de IA que reconoce cantos y mide la intensidad de la actividad vocal por especie.
Los resultados llaman la atención, once especies aumentaron su canto en los minutos previos a la oscuridad, doce reaccionaron durante la fase total y diecinueve cambiaron su comportamiento cuando reapareció el Sol. En ese instante, el bosque sonó como si amaneciera de nuevo, un “falso coro del amanecer”.
Entre las más reactivas destacaron los búhos listados, que cantaron cuatro veces más, y los petirrojos, cuyo canto previo al amanecer se multiplicó por seis. Según Aguilar, el eclipse desajustó temporalmente sus relojes internos y las llevó a comportarse como si el Sol saliera por primera vez.
El estudio confirma que incluso cambios breves en la luz natural pueden perturbar los ritmos diarios de la fauna. Y deja otra lección, combinar inteligencia artificial y participación ciudadana permite estudiar fenómenos ecológicos a gran escala. Los autores esperan aplicar este enfoque a futuras investigaciones sobre contaminación lumínica y cambio climático.