El Ejército de Estados Unidos colabora con la empresa de defensa Castelion para adaptar lanzadores móviles capaces de desplegar armas hipersónicas, una nueva generación de misiles que viajan a más de cinco veces la velocidad del sonido y pueden evadir los sistemas de defensa tradicionales.
El proyecto forma parte de una estrategia más amplia del Pentágono para modernizar su arsenal y reducir los costos de producción. Los contratos firmados con Castelion permitirán integrar el sistema de ataque hipersónico «Barbanegra» en plataformas existentes, como el conocido sistema HIMARS, utilizado en conflictos recientes como el de Ucrania.
Las armas hipersónicas se diferencian por su capacidad de maniobrar a velocidades extremas dentro de la atmósfera, lo que las hace casi imposibles de interceptar. Estados Unidos, China y Rusia mantienen una carrera por dominar esta tecnología, considerada la próxima gran revolución militar.
Según Castelion, el modelo «Barbanegra» está diseñado para producción en masa a una fracción del costo de los misiles tradicionales, con la meta de fabricar miles de unidades al año. La compañía asegura que puede lograrlo gracias a un diseño simplificado y materiales más asequibles sin comprometer la precisión ni el alcance.
La solicitud de presupuesto del presidente Donald Trump para 2026 incluye una partida de 25 millones de dólares destinada a integrar este tipo de armas en el Ejército y la Armada. De aprobarse, el plan permitiría a EE. UU. desplegar misiles hipersónicos en diversos escenarios globales, desde Europa hasta el Pacífico.
Mientras tanto, los analistas advierten que esta expansión podría intensificar la competencia con China y Rusia, que ya han probado sistemas similares. Pese a las tensiones geopolíticas, el Pentágono afirma que su objetivo es mantener la disuasión y garantizar que Estados Unidos conserve una ventaja tecnológica frente a sus adversarios.