El gobierno de Estados Unidos evalúa imponer un nuevo paquete de restricciones comerciales a China que limitaría la exportación de productos fabricados con software estadounidense, una medida que podría escalar aún más la guerra tecnológica entre ambas potencias. La propuesta, impulsada por la administración Trump, busca responder a los recientes controles de exportación de tierras raras aplicados por Pekín.
Según fuentes cercanas al proceso, el plan afectaría una amplia gama de productos, desde computadoras portátiles y semiconductores hasta componentes industriales y sistemas de aviación. Las autoridades estadounidenses aún no han tomado una decisión definitiva, pero los analistas advierten que, de concretarse, supondría una de las mayores restricciones tecnológicas impuestas por Washington en los últimos años.
El presidente Donald Trump ya había insinuado este mes que planeaba prohibir las exportaciones de “software crítico” a China. Aunque los detalles no se han hecho públicos, el concepto incluiría cualquier producto que contenga o dependa de software de origen estadounidense, lo que ampliaría el alcance de las medidas más allá de los sectores tecnológicos tradicionales.
La reacción de Pekín no se hizo esperar. Un portavoz de la embajada china en Washington señaló que el país se opone firmemente a las “medidas unilaterales de jurisdicción de brazo largo” y advirtió que China “tomará medidas decididas para proteger sus intereses legítimos” si la Casa Blanca avanza con el plan. La tensión comercial entre ambos países ha aumentado desde que China expandió sus controles sobre la exportación de tierras raras, minerales esenciales para la fabricación de chips y dispositivos electrónicos.
Las tierras raras son un recurso clave para la industria tecnológica y energética global. China controla alrededor del 70 % de su producción mundial, lo que le otorga una posición de influencia estratégica frente a las economías occidentales. Estados Unidos, por su parte, ha buscado reducir su dependencia de estos materiales mediante el desarrollo de alianzas con otros países y la reactivación de minas nacionales.
Expertos en comercio internacional advierten que la medida de Washington podría tener un efecto dominó sobre el mercado global. Al incluir productos fabricados en terceros países que utilicen software estadounidense, la restricción podría afectar a empresas europeas y asiáticas, creando incertidumbre en las cadenas de suministro internacionales y en el comercio tecnológico global.
La propuesta guarda similitudes con las sanciones impuestas a Rusia tras su invasión de Ucrania, que prohibieron exportar a Moscú bienes fabricados con tecnología estadounidense. Sin embargo, aplicar un mecanismo similar a China —la segunda economía mundial— supondría un desafío mucho mayor y podría tener consecuencias imprevisibles en sectores críticos como la aviación, la energía y la inteligencia artificial.
En Wall Street, la noticia generó preocupación inmediata. Las acciones de empresas tecnológicas vinculadas a China y de grandes fabricantes de chips registraron caídas, mientras que analistas financieros advirtieron que un conflicto prolongado entre ambas potencias podría afectar la inversión y ralentizar el crecimiento global.
Por ahora, la administración estadounidense no ha confirmado si el plan se aplicará antes de la próxima reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para finales de mes. Pero incluso si la medida se mantiene como una amenaza diplomática, su sola consideración refleja el deterioro de las relaciones comerciales y el creciente uso de la tecnología como herramienta de presión geopolítica.