El deshielo glacial no solo eleva el nivel del mar, también nutre el océano. Sin embargo, un nuevo estudio advierte que los glaciares en retroceso podrían aportar menos nutrientes esenciales a las aguas costeras, afectando la base de las redes tróficas marinas. La investigación, dirigida por la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, revela que el agua proveniente de glaciares en retirada contiene menos hierro y manganeso biodisponibles, dos micronutrientes vitales para el fitoplancton.
El hallazgo se basa en el análisis de dos glaciares en la península de Kenai, Alaska, el Aialik, que se mantiene estable, y el Northwestern, que ha retrocedido unos 15 kilómetros desde 1950. Ambos glaciares se desplazan sobre el mismo tipo de roca, lo que permitió a los científicos comparar el efecto del retroceso sin otras variables geológicas.
Los resultados mostraron una diferencia notable, el glaciar estable producía sedimentos con casi un 18 % de hierro y un 26 % de manganeso en formas biodisponibles, mientras que el glaciar en retirada apenas alcanzaba un 13 % y 15 % respectivamente. Según los autores, esto se debe a que el agua de deshielo de los glaciares que se alejan más tierra adentro pasa más tiempo en contacto con la roca, lo que altera químicamente los metales y reduce su disponibilidad biológica.
Estos micronutrientes son esenciales para el crecimiento del fitoplancton, que a su vez sustenta peces, mamíferos marinos y aves, además de desempeñar un papel clave en la absorción del dióxido de carbono atmosférico. Si los glaciares continúan reduciendo su aporte de hierro y manganeso, regiones productivas como el Golfo de Alaska o el Océano Austral podrían ver una disminución en su productividad biológica.
“Un glaciar que se retira puede liberar más sedimentos, pero con menor contenido nutritivo”, explicó Sarah Aarons, geoquímica de Scripps y coautora del estudio. “Esto podría tener repercusiones en la cadena alimentaria marina y, en consecuencia, en las pesquerías que dependen de estos ecosistemas”.
Los investigadores advierten que sus conclusiones se basan en un caso limitado, pero representan una señal preocupante de cómo el calentamiento global podría transformar la relación entre tierra y mar en las regiones polares. El equipo planea ampliar el estudio a glaciares de Groenlandia, la Antártida y el Ártico canadiense para determinar si el patrón se repite.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF) y contó con la colaboración del Servicio de Parques Nacionales. Los autores destacan que este tipo de investigación ayuda a entender cómo los cambios en los glaciares repercuten en la biogeoquímica global y en la salud de los océanos.
Mientras el planeta se calienta, los glaciares retroceden y los ecosistemas marinos enfrentan un futuro incierto. Lo que alguna vez fue una fuente constante de vida para el océano podría convertirse, lentamente, en una corriente más pobre en nutrientes y más vulnerable a los efectos del cambio climático.