Un estudio de la Universidad de Cambridge advierte que, si el calentamiento global continúa sin control, el PIB per cápita mundial podría reducirse entre un 20 % y un 24 % hacia el año 2100 en comparación con un escenario sin aumento adicional de las temperaturas. Esta pérdida equivaldría a un retroceso económico global sin precedentes.
Los investigadores Kamiar Mohaddes y Mehdi Raissi analizaron datos de 174 países usando proyecciones del IPCC. Su modelo muestra que, bajo un escenario extremo de emisiones, los países más cálidos y de bajos ingresos enfrentarán pérdidas entre un 30 % y un 60 % mayores al promedio mundial. Estas regiones verán agravadas sus desigualdades y una mayor presión sobre sectores clave.
Las estimaciones sugieren que incluso con aumentos moderados de temperatura, el PIB global caería entre un 10 % y un 14 %. La variabilidad climática natural, sumada al ritmo persistente de 0,04 °C por año, intensificaría las pérdidas, afectando tanto a naciones industrializadas como a economías emergentes. Ningún país se libra de este impacto.
Cumplir con los objetivos del Acuerdo de París marcaría una diferencia significativa. Limitar el aumento de temperatura a 0,01 °C anuales generaría un beneficio global del 0,25 % frente a un escenario donde las temperaturas sigan la tendencia histórica. Este margen puede parecer pequeño, pero a escala mundial representa billones de dólares en ingresos protegidos.
Los autores recuerdan que el cambio climático ya no es un problema exclusivo de la agricultura o de los países más cálidos. Según el estudio, los efectos alcanzan a todos los sectores, desde el transporte hasta la manufactura, pasando por el comercio minorista. La interconexión económica global multiplica las consecuencias de cada evento climático extremo.
El trabajo concluye que se requieren medidas urgentes de mitigación y adaptación. Sin reducciones rápidas en las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo se enfrentará a una contracción económica global difícil de revertir. La estabilidad de las economías del siglo XXI dependerá directamente de las decisiones climáticas que se tomen hoy.