La Unión Europea llegará a la cumbre climática de la ONU con nuevos compromisos. Ursula von der Leyen confirmó que el bloque presentará metas de reducción de emisiones para 2035 y 2040, en un esfuerzo por mantener la credibilidad internacional tras incumplir el plazo oficial fijado para septiembre.
El anuncio busca despejar dudas sobre la voluntad de Bruselas de seguir liderando la acción climática. Von der Leyen lo comunicó en un mensaje en video durante un evento en Bruselas, recordando que la COP30, prevista en noviembre en Belém, Brasil, será decisiva para medir la ambición global.
La dirigente europea insistió en que la estrategia climática debe adaptarse a un entorno internacional más complejo. “La competencia global es feroz y no siempre justa. Necesitamos flexibilidad y pragmatismo, pero manteniendo el rumbo”, declaró, subrayando la necesidad de brindar certeza a inversores y empresas.
El retraso en la definición de los objetivos dejó a la UE rezagada frente a potencias como China, que sí presentó sus compromisos dentro del plazo establecido por Naciones Unidas. Esta diferencia aumentó la presión sobre la Comisión para llegar a la COP30 con una propuesta sólida.
Las divisiones internas complican la tarea. Países como Francia, Alemania y Polonia reclaman que los nuevos objetivos se discutan a nivel de líderes en una cumbre prevista para finales de octubre. Esto deja apenas unas semanas para alcanzar un consenso antes de Belém.
Un alto funcionario polaco reconoció la incertidumbre del calendario. “No sé si llegaremos a tiempo a Belém, simplemente no lo sé. Depende de muchísimos factores en este momento”, declaró, reflejando la falta de confianza en la capacidad de la UE de actuar con rapidez.
El contexto económico tampoco ayuda. Europa ha incrementado su gasto en defensa y afronta un estancamiento económico que lleva a algunos gobiernos a pedir una ralentización de la agenda verde. Esta tensión choca con las demandas de las instituciones comunitarias de acelerar la transición energética.
Von der Leyen aseguró que Bruselas trabaja para reducir la burocracia y facilitar inversiones en energías renovables. Destacó los planes para reforzar las redes eléctricas con el objetivo de que los consumidores puedan beneficiarse de energía más barata y sostenible.
La política climática de la UE también se ve condicionada por los movimientos de Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha buscado marcar un giro en contra de compromisos más estrictos, lo que genera dudas sobre el nivel de ambición que se alcanzará en la COP30.
Brasil, como anfitrión, espera que la cumbre sea una señal de unidad global frente al cambio climático. Para Europa, llegar con objetivos definidos no solo es cuestión de reputación internacional, sino también de credibilidad interna en un momento de escepticismo político.
Con poco margen de tiempo, la Comisión deberá convencer a los Estados miembros de que un compromiso ambicioso puede ser compatible con las dificultades económicas. Si lo logra, la UE podrá reafirmar su papel como referente climático. Si fracasa, su liderazgo quedará en entredicho en Belém.