Un equipo de psicólogos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW Sydney) ha identificado una posible causa biológica detrás de las alucinaciones auditivas, comúnmente conocidas como “escuchar voces”. El hallazgo sugiere que el cerebro de algunas personas puede fallar al reconocer su propio discurso interno, interpretándolo como si viniera del exterior.
El estudio, publicado en la revista Schizophrenia Bulletin, analizó la actividad cerebral de personas con y sin esquizofrenia mediante electroencefalogramas (EEG). Los resultados revelaron diferencias notables en cómo el cerebro procesa el habla imaginada frente al sonido real.
El experimento que comparó el habla interna y externa
Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos, personas con esquizofrenia que experimentaban alucinaciones auditivas recientes, personas con el mismo diagnóstico pero sin esas experiencias, y un grupo de control sin trastornos mentales. Todos escucharon sonidos simples mientras imaginaban pronunciarlos mentalmente.
En el grupo de control, cuando el sonido real coincidía con el que imaginaban decir, el EEG mostraba una reducción en la actividad de la corteza auditiva. Esto indicaba que el cerebro reconocía su propia voz interna y atenuaba su respuesta, un mecanismo de predicción natural en las personas sanas.
Sin embargo, en los participantes con alucinaciones recientes, el resultado fue el contrario. En lugar de disminuir, la actividad cerebral se intensificó. Sus cerebros reaccionaron al habla interna como si proviniera de una fuente externa, lo que explicaría la sensación realista de las “voces”.
El profesor Thomas Whitford, autor principal del estudio, afirma que este patrón invertido es la evidencia más sólida hasta ahora de que las alucinaciones auditivas podrían ser producto de un error en el sistema de predicción cerebral. El cerebro, en lugar de reconocer el pensamiento como propio, lo etiqueta como ajeno.
Una posible vía hacia nuevos biomarcadores
El hallazgo representa un avance importante para la psiquiatría, ya que hasta ahora no existían indicadores biológicos claros que ayudaran a diagnosticar la esquizofrenia. Según Whitford, esta respuesta cerebral podría servir en el futuro como biomarcador para detectar o anticipar episodios psicóticos.
Los investigadores esperan que este tipo de medición pueda utilizarse para identificar a personas con alto riesgo de desarrollar psicosis, permitiendo intervenir antes de que aparezcan los síntomas más graves. Una detección temprana sería clave para mejorar los tratamientos y la calidad de vida de los pacientes.
Más allá de la esquizofrenia, el estudio abre nuevas líneas para comprender cómo el cerebro diferencia entre lo interno y lo externo. Saber por qué en algunas personas esa frontera se desdibuja podría transformar la forma en que abordamos la salud mental y la conciencia humana.