La imagen es tan dramática como reveladora: una lengua de lava al rojo vivo deslizándose por el flanco occidental de La Palma, rumbo al océano. El 1 de octubre de 2021, el satélite Sentinel-2 de la ESA captó desde el espacio el río de fuego que borraba del mapa a Todoque, una localidad entera en las Islas Canarias. La erupción del volcán Tajogaite no solo alteró el paisaje; también liberó gases volcánicos tóxicos que siguen afectando a la región más de tres años después.
Todo comenzó el 19 de septiembre de 2021, cuando más de 22.000 microterremotos anunciaron la apertura de una fisura en Cumbre Vieja. Durante 85 días, hasta el 13 de diciembre, la erupción expulsó 200 millones de metros cúbicos de lava, alcanzando temperaturas de 1100 °C y extendiéndose hasta 6,4 kilómetros. La lava destruyó cerca de 3.000 edificaciones, generó 430.000 m² de nueva tierra y causó daños por más de 700 millones de euros, según El País.
Lo más dramático ocurrió cuando la lava alcanzó el mar, liberando gases como dióxido de azufre, cloruro de hidrógeno y otros compuestos corrosivos. La erupción se volvió especialmente tóxica debido al contenido alcalino de la lava, cargada de sodio y potasio, según la vulcanóloga Marie Edmonds. Se estableció una zona de exclusión, pero algunas personas desobedecieron las advertencias. Una de ellas falleció por inhalación, y otros, como el taxista Ramón, sobrevivieron pero aún padecen secuelas respiratorias.
Las consecuencias ambientales también afectaron a la fauna silvestre y a la agricultura, especialmente a los cultivos de plátanos. La carretera entre Los Llanos de Aridane y Puerto Naos quedó destruida, y el acceso solo fue restablecido tras dos años de construcción sobre lava aún caliente. Desde entonces, aún persisten bolsas subterráneas de CO₂ peligrosas en tubos volcánicos y depresiones del terreno.
La columna de cenizas que emergió durante los primeros días de la erupción fue visible desde Tenerife y provocó el cierre temporal de varios aeropuertos. También obligó a suspender las actividades científicas en el Observatorio del Roque de los Muchachos, a 2400 metros de altitud. Para muchos telescopios, fue la primera interrupción operativa en décadas, según explicó Alba Fernández-Barral, directora de comunicación del CTA.
El impacto social ha sido profundo. Cerca de 7.000 personas fueron evacuadas, muchas de ellas lo perdieron todo. Pero con el paso del tiempo, los signos de recuperación comienzan a verse. Durante el Festival STARMUS, celebrado en abril de 2025, visitantes y científicos regresaron por primera vez en años al entorno de Tajogaite. Algunos, como un funcionario canario entrevistado por Live Science, reconocieron que esa visita marcó su reconciliación con el territorio.
“La resiliencia aquí es asombrosa”, afirmó Edmonds. “Perder barrios enteros fue devastador, pero la forma en que la comunidad se está reconstruyendo es admirable”. Aunque eventos como este suceden una vez cada medio siglo en La Palma, las huellas del Tajogaite serán visibles —y respirables— durante mucho más tiempo.