Un equipo internacional de científicos ha identificado posibles señales químicas de antigua vida microbiana en Marte. El hallazgo se produjo en la formación Bright Angel, una zona del cráter Jezero explorada por el rover Perseverance de la NASA, y fue publicado en la revista Nature.
Los investigadores descubrieron compuestos orgánicos y minerales asociados a procesos redox, reacciones químicas que implican transferencia de electrones y que en la Tierra suelen estar vinculadas a la actividad de microorganismos. Estas combinaciones sugieren escenarios compatibles con biofirmas.
La formación Bright Angel está compuesta por lutitas de grano fino con hierro oxidado, fósforo, azufre y carbono orgánico. Estos materiales podrían haber constituido una fuente de energía para microbios primitivos en un Marte con abundante agua hace más de 3.000 millones de años.
Entre las estructuras más llamativas destacan pequeños nódulos y manchas enriquecidas en minerales como vivianita y greigita, asociados a ambientes ricos en agua y de baja temperatura. En la Tierra, suelen formarse en sedimentos donde los microbios respiran óxido y sulfato.
El Dr. Michael Tice, geobiólogo de la Universidad Texas A&M y coautor del estudio, explicó que algunos procesos detectados son fáciles de justificar mediante vida microbiana, pero difíciles de explicar solo con geología. “Es posible que bacterias marcianas primitivas hayan dejado huellas en estas rocas”, afirmó.
El instrumento SHERLOC de Perseverance detectó señales espectrales de carbono orgánico en varias rocas, con mayor intensidad en un depósito llamado “Templo Apolo”. Allí la presencia de compuestos orgánicos coincidía con minerales sensibles a la oxidación y reducción.
Los científicos plantean dos hipótesis: una de origen abiótico, en la que las reacciones químicas ocurrieron sin vida, y otra de origen biológico, en la que microbios pudieron haber impulsado los procesos. Ambas opciones requieren más estudios para confirmarse.
Los datos del rover indican que las rocas nunca estuvieron sometidas a altas temperaturas, lo que descarta ciertos procesos geoquímicos conocidos. Esto refuerza la posibilidad de que los patrones observados tengan un origen más complejo, quizá ligado a la biología.
La formación Bright Angel se originó en un entorno dinámico de ríos y lagos. Estas condiciones acuosas habrían favorecido la acumulación de sedimentos y proporcionado energía química aprovechable para organismos microscópicos.
Perseverance recolectó un núcleo de la zona, denominado “Cañón Zafiro”, que está almacenado en un tubo sellado. Esta muestra se considera prioritaria para una futura misión de retorno a la Tierra, donde podrá ser analizada con instrumentos más sensibles.
Los autores subrayan que el hallazgo no constituye una prueba definitiva de vida, pero cumple con los criterios de “biofirma potencial” establecidos por la NASA. Para confirmar su origen biológico será necesario estudiar la muestra en laboratorios terrestres.
El estudio refuerza la relevancia de la astrobiología en Marte y abre nuevas preguntas sobre cómo procesos semejantes a los de la Tierra pudieron desarrollarse en otro planeta. La posibilidad de que microorganismos hayan existido en el pasado marciano es ahora más fuerte que nunca.
Fuente: Texas A&M Stories