Durante los últimos años, la energía nuclear ha pasado de ser una promesa estancada a una apuesta renovada en Estados Unidos y Europa. Proyectos que estaban paralizados comienzan a moverse, con nuevas inversiones, respaldo político y urgencia climática como motor principal.
Parte del impulso viene de la necesidad de asegurarse fuentes de electricidad seguras, constantes y con bajas emisiones. Las renovables ayudan, pero no siempre pueden asegurar estabilidad; la nuclear ofrece ese complemento firme a la red.
También influyen el coste y el riesgo. Tradicionalmente, los reactores grandes sufrieron retrasos y sobrecostos. Ahora los SMR (reactores modulares pequeños) y nuevos modelos financieros facilitan que los proyectos sean más manejables y escalables.
Además, las empresas tecnológicas participan como usuarios y también como inversionistas, demandando grandes cantidades de energía limpia y aportando capital para asegurar suministro estable para sus centros de datos e infraestructura digital.
Situación en Estados Unidos
En Estados Unidos, el sector nuclear ha ganado impulso gracias a nuevas leyes que agilizan licencias y ofrecen apoyo fiscal al desarrollo de tecnologías nucleares avanzadas. Esto reabrió un debate que llevaba décadas paralizado.
Proyectos como los de Holtec International buscan instalar SMR en antiguos emplazamientos, como la planta de Palisades en Michigan, mientras que GE Hitachi avanza con el reactor BWRX-300 en Tennessee, con la promesa de menores costos y plazos más cortos de construcción.
La administración Trump también generó expectativa al proponer una expansión masiva de la capacidad nuclear hacia 2050. Aunque los objetivos son ambiciosos, sirvieron para movilizar inversiones y abrir un espacio político favorable.
Situación en Europa
En Europa, la Comisión Europea fijó una hoja de ruta para elevar la capacidad nuclear de 100 a 145 gigavatios hacia 2050. Alemania suavizó su oposición a clasificar la nuclear como “verde”, lo que abre el camino a nuevas inversiones.
Francia planea construir seis nuevas plantas, mientras que Reino Unido dio luz verde al proyecto Sizewell C, compuesto por dos reactores gigantes con un coste estimado superior a 50.000 millones de dólares. Suecia, por su parte, apuesta por la instalación de varios SMR.
En Europa del Este también avanza la expansión nuclear. Empresas como CEZ, en la República Checa, invierten en proyectos de Rolls-Royce SMR para reforzar la seguridad energética regional en la próxima década.
El papel de las tecnológicas y los SMR
El renovado interés por la nuclear no se entiende sin el papel de las tecnológicas. Compañías como Google, Microsoft y Meta firmaron contratos de largo plazo para financiar plantas y obtener créditos de carbono, asegurando suministro estable para sus centros de datos.
Las startups también reciben capital masivo. Oklo, apoyada por Sam Altman, y TerraPower, fundada por Bill Gates, recaudaron cientos de millones para el desarrollo de SMR, mientras que proyectos de fusión como Commonwealth Fusion Systems atraen fondos multimillonarios.
Los SMR son vistos como una vía intermedia: reactores más pequeños, con inversiones iniciales más bajas y capacidad de construirse en serie. Más de 120 empresas trabajan en su desarrollo, y los analistas estiman que podrían representar entre el 40 % y el 60 % de la capacidad nuclear nueva hacia 2050.
La clave está en la estandarización. Si se logra producir reactores en cadena, con diseños probados y repetibles, los costos podrían caer hasta hacer competitiva la nuclear frente a otras energías limpias.
Barreras y riesgos
El entusiasmo nuclear convive con serios obstáculos. El primero es financiero: los costos de construcción siguen siendo elevados y muchas veces superan las estimaciones iniciales, lo que ahuyenta a potenciales inversores.
La regulación también es un reto. Los procesos para obtener licencias nucleares son complejos y lentos, y los intentos de simplificarlos despiertan resistencia social en comunidades preocupadas por la seguridad.
Otro desafío es la cadena de suministro. Faltan materiales especializados, mano de obra calificada y continuidad en proyectos. Los países que lograron construir bajo presupuesto, como Corea del Sur o China, lo hicieron gracias a planes estandarizados y escalables.
Finalmente, persiste la preocupación por los residuos nucleares y la aceptación pública. Sin un consenso social amplio sobre cómo manejar los desechos y garantizar la seguridad a largo plazo, la expansión nuclear seguirá enfrentando oposición.