Los ministros de clima de la Unión Europea alcanzaron un acuerdo de última hora para fijar un nuevo objetivo climático rumbo a la COP30 de Brasil. La meta, aprobada tras largas negociaciones nocturnas, establece una reducción del 90 % de las emisiones para 2040, pero con mayor flexibilidad para los países miembros.
El pacto permitirá a los Estados comprar créditos de carbono en el extranjero para cubrir hasta un 5 % de sus compromisos, lo que en la práctica reduce el esfuerzo interno al 85 %. La medida fue presentada como un compromiso político para evitar divisiones antes de la cumbre climática de la ONU que comienza esta semana en Brasil.
“Fijar un objetivo climático no es solo elegir un número, es una decisión con consecuencias profundas para el continente”, declaró el ministro danés Lars Aagaard. Según explicó, el acuerdo busca equilibrar competitividad industrial, justicia social y reducción de emisiones sin poner en riesgo el crecimiento económico europeo.
Algunos países, como Francia y Portugal, defendieron el uso de créditos internacionales para ganar margen económico. Otros, como España, los Países Bajos y Suecia, consideraron que la flexibilización debilita el liderazgo climático de Europa. Polonia, Italia y Hungría se opusieron al objetivo original del 90 % por considerarlo demasiado costoso.
La Comisión Europea había propuesto inicialmente un límite del 3 % en los créditos de carbono, que fue ampliado al 5 % en las negociaciones finales. También se aprobó un objetivo intermedio para 2035, con reducciones de entre el 66 % y el 72 %. La decisión llegó apenas horas antes del inicio oficial de la COP30 en Belém.
El acuerdo incluye además el aplazamiento de un año, hasta 2028, para la puesta en marcha del nuevo mercado de carbono de la UE. Esta medida busca calmar a los sectores industriales que advierten de una pérdida de competitividad frente a China y Estados Unidos, donde los costes regulatorios son menores.
Los asesores científicos del bloque advirtieron que el nuevo objetivo está por debajo de lo necesario para mantener la senda hacia las cero emisiones netas en 2050. Según el Consejo Científico Europeo sobre el Cambio Climático, el uso de créditos extranjeros desvía inversiones clave fuera del continente.
“No queremos destruir la economía, pero tampoco el clima. Queremos salvar ambos al mismo tiempo”, declaró Krzysztof Bolesta, viceministro de Clima de Polonia, resumiendo la postura de los países más dependientes de la energía fósil. La frase refleja el dilema que divide hoy a la política ambiental europea.
Con este acuerdo, la UE asegura llegar a la COP30 con una posición común, aunque más débil que la esperada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, representará al bloque en la cumbre, donde se discutirán las nuevas estrategias globales de mitigación del cambio climático.
El compromiso final evita que Europa llegue sin metas, pero deja en evidencia el cansancio político frente a la agenda verde. El resultado es una señal ambigua: un continente que sigue comprometido con la acción climática, aunque cada vez más dividido sobre cuánto puede permitirse avanzar.