Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea acordaron avanzar en la definición de un nuevo objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2040. El plan contempla una disminución del 90% respecto a los niveles de 1990, como paso intermedio hacia la neutralidad climática en 2050. La decisión llega a pocas semanas de la cumbre del clima COP30, donde el bloque pretende mostrar liderazgo global frente a otras potencias.
El consenso político alcanzado en Bruselas no fue sencillo. Algunos Estados miembros, como Polonia y Hungría, reclamaron que el objetivo incluya una cláusula de revisión, que permita adaptarlo en caso de que las condiciones económicas o tecnológicas dificulten su cumplimiento. Otros, como Alemania o Francia, defendieron mantener la ambición ecológica, pero con mecanismos de flexibilidad para las industrias.
El acuerdo de 2040 servirá de puente entre el compromiso actual de reducir las emisiones un 55% para 2030 y el horizonte de emisiones netas cero a mediados de siglo, una meta clave para evitar los peores efectos del calentamiento global.
Las divisiones internas revelan la tensión entre los objetivos climáticos y la competitividad industrial
Durante la cumbre, los líderes europeos insistieron en que el nuevo marco climático debe estar acompañado de “condiciones favorables”, como fondos de apoyo y políticas de compensación para los sectores más afectados. Las negociaciones giraron en torno a cómo financiar la transición energética sin poner en riesgo el empleo ni la competitividad frente a Estados Unidos o China.
“Nadie cuestiona la protección del clima, pero debemos hacerlo compatible con el futuro de nuestra industria”, afirmó el canciller alemán Friedrich Merz. Su postura fue respaldada por otros países del norte, que piden medidas más flexibles ante la pérdida de absorción de CO₂ de sus bosques, afectados por incendios y sequías cada vez más frecuentes.
En contraste, los Estados occidentales más ricos confían en que la transición verde impulse nuevas oportunidades de negocio. Aun así, reconocen la necesidad de adaptar las políticas para no agravar las desigualdades dentro del bloque. Los debates sobre el reparto de costes climáticos siguen siendo uno de los principales puntos de fricción.
Las conversaciones también pusieron sobre la mesa la necesidad de revisar los mecanismos de mercado de carbono, los subsidios a la energía y las ayudas para tecnologías limpias emergentes.
Bruselas prepara cambios en las normas para impulsar el objetivo de 2040
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que la transición hacia una economía baja en carbono representa una oportunidad para revitalizar la industria europea y reducir la dependencia de China en tecnologías clave como las baterías y los paneles solares. “Europa puede convertir la sostenibilidad en su mayor ventaja competitiva”, señaló en una carta enviada a los líderes antes del encuentro.
Von der Leyen anunció además que Bruselas modificará varias normativas para reforzar el marco climático, entre ellas el control de precios del futuro mercado de carbono del transporte y la tasa fronteriza al CO₂, una medida que Francia considera esencial para proteger a los productores europeos.
La Comisión también evalúa flexibilizar la prohibición de los motores de combustión a partir de 2035, tras las presiones de Alemania e Italia, que piden un periodo de transición más largo para su industria automotriz. Los ajustes buscarían mantener la coherencia entre los objetivos ambientales y las realidades económicas de los Estados miembros.
El texto final del acuerdo será revisado el próximo 4 de noviembre, cuando los ministros de Medio Ambiente de la UE deberán aprobarlo formalmente. Si se confirma, marcará un nuevo paso en la estrategia climática europea y en su papel como referente global en la lucha contra el cambio climático.