Después de un mes de travesía por ríos, glaciares y selvas, un grupo de líderes indígenas llegó a Belém, Brasil, a bordo de una embarcación que recorrió el continente desde los Andes hasta la desembocadura del Amazonas. Su objetivo: exigir mayor participación en la gestión de los territorios ancestrales durante la cumbre climática COP30.
La expedición, integrada por representantes de pueblos originarios de Guatemala, Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, navegó más de tres mil kilómetros para entregar un mensaje claro a los negociadores: los bosques, los ríos y las montañas no pueden seguir siendo sacrificados en nombre del progreso.
“Queremos más que promesas de financiamiento. Queremos que nuestros territorios dejen de ser tratados como zonas de sacrificio”, afirmó Lucía Ixchiu, indígena k’iche’ de Guatemala y una de las participantes del viaje.
El recorrido comenzó en las frías cabeceras andinas, donde los glaciares —fuente de buena parte del caudal amazónico— se derriten a un ritmo alarmante. En cada parada, la flotilla realizó ceremonias, debates y encuentros con comunidades locales para visibilizar las amenazas del cambio climático, la minería, la deforestación y la extracción de petróleo.
Durante su paso por Ecuador, los viajeros celebraron un simbólico “funeral por los combustibles fósiles”. En Colombia y Brasil organizaron talleres culturales, proyecciones y foros para dialogar sobre la protección de la Amazonía.
El grupo culminó su travesía en Belém con una ceremonia tradicional que incluyó cantos, semillas, hojas de coca, dulces y una ofrenda a la Madre Tierra. A su llegada, los líderes fueron recibidos por comunidades amazónicas que ya se preparan para participar en los foros paralelos a la cumbre.
Según Earth Insight y la Alianza Global de Comunidades Territoriales, cerca del 17 % de las tierras indígenas amazónicas están amenazadas por la expansión de la minería, el gas y la tala. Mientras tanto, Global Witness calcula que más de 1.600 defensores ambientales han sido asesinados o desaparecidos en la última década en América Latina y otras regiones tropicales.
Pese a los desafíos, los organizadores aseguran que el viaje simboliza esperanza y resistencia. “Esta es la COP de la Amazonía porque estamos aquí, ocupando los espacios que nos corresponden”, dijo Ixchiu al llegar. “Defender la vida y el territorio es nuestra forma de cuidar el futuro”.