Las marcas blancas que los aviones dejan en el cielo son más complejas de lo que parecen. Un equipo de científicos europeos descubrió que más del 80 % de las estelas de condensación duraderas no se forman en el aire limpio, sino dentro de nubes naturales de hielo. El hallazgo ayuda a entender mejor cómo el tráfico aéreo influye en el clima terrestre.
El estudio fue realizado por investigadores del Centro de Investigación Jülich, la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia y otras instituciones alemanas. Analizaron miles de mediciones tomadas por aviones comerciales equipados con sensores de temperatura y vapor de agua que cruzaron el Atlántico Norte entre 2014 y 2021.
Estas aeronaves forman parte del programa europeo IAGOS, una red que recopila datos atmosféricos mientras los aviones siguen sus rutas regulares. Gracias a esas observaciones, los científicos pudieron determinar con precisión dónde y bajo qué condiciones se forman las estelas que persisten durante horas.
Los resultados indican que estas huellas persistentes aparecen casi siempre dentro de nubes delgadas, conocidas como cirros, formadas por diminutos cristales de hielo.
Las huellas del tráfico aéreo también atrapan calor
Las estelas de condensación surgen cuando los gases calientes de los motores se mezclan con el aire frío y húmedo a unos diez kilómetros de altura. En esas condiciones, el vapor se congela y forma largas líneas blancas. A veces desaparecen rápido, pero en presencia de humedad y nubes de hielo, pueden extenderse y convertirse en verdaderas capas nubosas.
El impacto climático depende del entorno. Cuando se forman en un cielo despejado, las estelas actúan como una manta que retiene parte del calor terrestre. En cambio, dentro de nubes más densas pueden reflejar parte de la radiación solar y producir un efecto leve de enfriamiento. Los investigadores advierten que ambos fenómenos todavía no se comprenden del todo.
El equipo alemán insiste en que planificar rutas de vuelo más sostenibles podría reducir la formación de estas nubes artificiales. En el futuro, la aviación podría evitar zonas especialmente frías y húmedas para disminuir su contribución al calentamiento global sin alterar los trayectos principales.
Los resultados del estudio se están incorporando a los trabajos de la Organización Meteorológica Mundial y la OACI, que analizan cómo adaptar las rutas aéreas al impacto climático. Entender mejor estas estelas no solo ayuda a la ciencia, también abre el camino a una aviación más limpia y responsable.