Anthropic aceptó pagar 1.500 millones de dólares a un grupo de escritores en Estados Unidos tras una demanda colectiva que denunció el uso ilegal de libros para entrenar a su chatbot Claude. La resolución marca un hito en la historia de los derechos de autor frente a la inteligencia artificial.
Se calcula que cerca de 500.000 autores recibirán una compensación de unos 3.000 dólares cada uno. El acuerdo todavía debe ser ratificado por el tribunal federal de San Francisco, pero ya se considera el mayor de su tipo en el país.
El origen del litigio se remonta a 2024, cuando los escritores Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson presentaron la denuncia. Alegaban que la compañía había descargado y almacenado millones de libros desde bibliotecas piratas en línea para entrenar sus modelos de lenguaje.
En junio de 2025, el juez William Alsup reconoció que el entrenamiento de modelos de IA con libros adquiridos legalmente podía considerarse un uso legítimo, pero dejó claro que la descarga masiva de obras pirateadas constituía una violación del copyright.
La empresa se compromete no solo a pagar la millonaria compensación, sino también a borrar los archivos descargados ilegalmente y cualquier copia derivada. Este gesto pretende restaurar la confianza en el sector editorial y evitar sanciones aún más duras en el futuro.
El acuerdo supone un precedente que podría influir en casos similares contra gigantes tecnológicos como Google, Meta, Microsoft y OpenAI, todos ellos acusados de usar contenidos con derechos de autor para entrenar sus modelos de inteligencia artificial.
Expertos en propiedad intelectual destacan que la sentencia redefine la relación entre creatividad y tecnología. Para muchos, este fallo obliga a la industria de la IA a replantear cómo obtiene sus datos de entrenamiento.
Mary Rasenberger, directora ejecutiva del Gremio de Autores, aseguró que este acuerdo envía un mensaje contundente: las empresas no pueden piratear obras para entrenar sus sistemas sin enfrentar graves consecuencias legales.
El pacto de 1.500 millones no solo compensa a medio millón de autores, también abre la puerta a futuras negociaciones en las que las tecnológicas deberán pagar licencias para acceder a catálogos de libros, imágenes o música con fines de entrenamiento.
La batalla entre la inteligencia artificial y los derechos de autor apenas comienza. El caso Anthropic se convierte en el primero de gran escala en Estados Unidos y marca un punto de inflexión en el desarrollo legal de la IA a nivel mundial.