La NASA ha decidido abrir el contrato para la misión Artemis 3 a otras compañías espaciales, tras los retrasos de SpaceX en el desarrollo de su nave Starship. Según declaró el administrador de la agencia, Sean Duffy, el objetivo es garantizar que Estados Unidos regrese a la Luna antes de que China lo logre.
La decisión marca un giro en la estrategia de la NASA, que hasta ahora había confiado exclusivamente en SpaceX para esta misión. Duffy explicó que el nuevo proceso competitivo busca acelerar los plazos y reducir riesgos, permitiendo que empresas como Blue Origin u otras participen en la licitación.
“Queremos asegurarnos de que la próxima persona que pise la Luna sea estadounidense”, afirmó Duffy en una entrevista con Fox News. “Para eso, necesitamos todas las manos disponibles en la mesa”.
SpaceX se retrasa y crece la presión por alcanzar a China
Artemis 3, prevista originalmente para 2027, depende del sistema Starship de SpaceX, cuya etapa de desarrollo ha sufrido múltiples demoras. Estos contratiempos amenazan con poner a EE. UU. detrás de China, que planea realizar su propio alunizaje tripulado en 2030.
La situación ha generado inquietud en la Casa Blanca, ya que el presidente Trump ha insistido en que la misión debe concretarse antes del final de su mandato en enero de 2029. Según fuentes de la agencia, el retraso técnico de SpaceX es el principal motivo del cambio de rumbo.
Blue Origin y otros candidatos podrían competir por la misión
Entre las posibles compañías que podrían entrar en la nueva convocatoria se encuentra Blue Origin, de Jeff Bezos, además de otros contratistas con experiencia en sistemas espaciales, como Lockheed Martin o Northrop Grumman. La NASA busca diversificar sus proveedores para garantizar la viabilidad del programa Artemis.
La agencia también mantiene su calendario para Artemis 2, la misión tripulada que orbitará la Luna antes del alunizaje. Si todo avanza según lo previsto, Artemis 2 podría adelantarse a febrero de 2026, reforzando la confianza en el proyecto.
Con esta apertura, la NASA envía un mensaje claro: el regreso humano a la Luna no puede depender de una sola empresa. La nueva competencia podría acelerar la innovación, reducir costes y garantizar que Estados Unidos mantenga su liderazgo en la exploración espacial.