La revolución de la inteligencia artificial ha desatado una carrera sin precedentes entre las grandes tecnológicas. OpenAI, Meta, Google, Nvidia y otras compañías están destinando miles de millones de dólares a construir centros de datos, desarrollar procesadores propios y asegurar energía suficiente para alimentar sus sistemas.
Según Reuters, OpenAI se asoció con Broadcom para producir sus primeros chips internos, que estarán listos en 2026. La alianza contempla procesadores capaces de generar una potencia de 10 gigavatios, equivalente al consumo eléctrico de más de ocho millones de hogares en Estados Unidos.
Meta, por su parte, firmó un acuerdo de 14.000 millones de dólares con la empresa CoreWeave para ampliar su capacidad de cómputo. También negocia un contrato de 20.000 millones con Oracle para servicios de nube, mientras refuerza su colaboración con Google, valorada en más de 10.000 millones de dólares.
Nvidia, líder en chips de inteligencia artificial, planea invertir hasta 100.000 millones en OpenAI, consolidando su posición en la cadena de suministro global. Además, adquirió participaciones en Intel y mantiene un acuerdo de 6.300 millones con CoreWeave para asegurar capacidad adicional de procesamiento.
El ecosistema se amplía con actores como Tesla, que cerró un contrato de 16.500 millones con Samsung para fabricar su chip AI6, y Microsoft, que recibirá 17.400 millones en infraestructura de GPU de Nebius Group para reforzar sus servicios en la nube.
El presidente estadounidense Donald Trump anunció además el proyecto “Stargate”, una empresa conjunta entre OpenAI, Oracle y SoftBank que invertirá hasta 500.000 millones en nuevos centros de datos dedicados exclusivamente a la inteligencia artificial.
Expertos señalan que estas inversiones no solo responden al crecimiento de los modelos generativos, sino también a la necesidad de reducir la dependencia de terceros y garantizar el control sobre la infraestructura energética y tecnológica del futuro.
El nuevo mapa de la inteligencia artificial se construye sobre una base de silicio, electricidad y datos. Las alianzas entre gigantes tecnológicos anticipan una década de expansión masiva, donde el acceso al poder de cómputo definirá quién lidera la próxima revolución digital.