El 23 de septiembre, Donald Trump se dirigió a la Asamblea General de la ONU con un discurso polémico que giró en torno a la energía y el cambio climático. El mandatario reiteró su rechazo a las energías renovables, a las que calificó como “una farsa” y “una pérdida de dinero”.
Trump puso como ejemplo la energía eólica. Señaló que las turbinas son “muy costosas”, requieren constante reparación y dependen de subsidios para funcionar. Afirmó que este tipo de tecnologías no son sostenibles a largo plazo y que representan “la forma más cara de generar electricidad”.
El expresidente también cuestionó la energía solar, argumentando que ocupa extensas superficies de tierra y afecta al paisaje natural. “Quiero que dejen de arruinar bellos campos de Escocia con paneles solares y molinos de viento”, lanzó, en una de sus frases más provocadoras del discurso.
En relación con China, Trump sostuvo que el país fabrica y exporta turbinas eólicas, pero sigue utilizando carbón y gas para alimentar su economía. “Venden los molinos pero ellos no usan la energía eólica”, afirmó, insinuando una supuesta contradicción en la estrategia energética del gigante asiático.
Sin embargo, informes internacionales contradicen esta visión. China no solo es líder mundial en producción de turbinas, con empresas como Envision, MingYang o Goldwind, sino que también ha desarrollado extensos parques solares y eólicos. Datos de The Guardian y la AFP muestran un despliegue masivo en sus desiertos.
Trump no se limitó a China. También cargó contra Europa, advirtiendo que sus países “están al borde de la destrucción por aferrarse a la agenda verde”. Según él, Alemania estaba encaminada a la quiebra por sus políticas energéticas, aunque elogió que ahora haya reabierto plantas de carbón y nucleares.
El líder republicano sostuvo que Estados Unidos “prospera como nunca” gracias al petróleo, el gas y la energía nuclear. Aseguró que su país no puede depender de lo que llamó “tecnologías defectuosas” y subrayó que “la energía debe ser rentable, no una fuente de pérdidas constantes para la economía”.
Otro de los puntos más polémicos fue su declaración sobre el cambio climático. Trump reiteró su escepticismo, calificándolo como “el mayor fraude que se le ha hecho al mundo”. Según él, la agenda ambiental solo beneficia a competidores extranjeros en detrimento de la industria estadounidense.
El discurso en la ONU refuerza la estrategia de Trump de presentarse como defensor del crecimiento económico basado en los fósiles. Al acusar a China y cuestionar a Europa, buscó posicionar a Estados Unidos como un modelo alternativo. Sus palabras, sin embargo, vuelven a dividir a la comunidad internacional.