En los archivos del Observatorio Palomar, en California, un grupo de científicos y entusiastas del cielo encontró algo que nadie esperaba, puntos luminosos en fotografías tomadas entre 1949 y 1958 que no aparecen en registros posteriores. Esas luces, invisibles a simple vista, resurgieron como el eje de una investigación que mezcla historia, astronomía y misterio.
El hallazgo proviene del proyecto VASCO, una iniciativa de ciencia ciudadana que revisa viejas imágenes astronómicas en busca de objetos desaparecidos o transitorios. Lo que comenzó como una búsqueda de esferas de Dyson, hipotéticas estructuras extraterrestres, terminó revelando un patrón inquietante entre las luces fugaces y los ensayos nucleares de la Guerra Fría.
Beatriz Villarroel, astrónoma al frente del estudio, explica que estos puntos no se comportan como estrellas ni como defectos del material fotográfico. “No tienen explicación sencilla. Surgen en una placa, brillan un instante y desaparecen para siempre”, afirmó en una entrevista. Su equipo encontró docenas de estos eventos coincidiendo con días de pruebas atómicas.
El artículo, publicado en Scientific Reports, revela que la aparición de un evento transitorio era un 45% más probable en días vinculados a ensayos nucleares en Estados Unidos o la Unión Soviética. En los días posteriores a las detonaciones, la cantidad de puntos brillantes aumentaba. Para los investigadores, la correlación es demasiado fuerte como para ser casualidad.
Las viejas placas fotográficas del Palomar Observatory Sky Survey se han convertido así en una cápsula del tiempo del cielo anterior a la era espacial. Algunas estrellas visibles en 1950 ya no estaban en registros de 1958, cuando se repitieron las observaciones. Los científicos descartan satélites, cohetes o artefactos humanos, porque simplemente aún no existían.
Entre las hipótesis más prudentes, el equipo sugiere que los destellos podrían ser fenómenos atmosféricos no documentados, tal vez provocados por ondas electromagnéticas o partículas emitidas durante las explosiones nucleares. Otras ideas, más especulativas, sugieren objetos reflectantes artificiales en órbitas altas, atraídos por la actividad humana.
Los investigadores insisten en que no hay pruebas de vida extraterrestre, pero tampoco las descartan del todo. En su análisis, los destellos son “detecciones astronómicas reales”, no errores de emulsión ni ruido aleatorio. Cada punto podría ser una pieza más del rompecabezas del cielo de mediados del siglo XX.
Sea cual sea la respuesta final, el estudio reabre una vieja fascinación, el vínculo entre nuestra tecnología y los misterios del firmamento. Las fotografías del pasado, olvidadas en los archivos de los observatorios, podrían esconder las primeras huellas de una conexión aún por entender entre la Tierra y lo desconocido.
Fuente: Wired