Durante la era de los dinosaurios, hace 73 millones de años, el Ártico era mucho más que un territorio helado. Un nuevo estudio de la Universidad de Alaska Fairbanks ha demostrado que varias especies de aves antiguas anidaban en estas latitudes extremas, compartiendo hábitat y época con los dinosaurios.
El descubrimiento, publicado en la revista Science, documenta la evidencia más antigua conocida de anidación de aves en regiones polares, retrasando en al menos 25 millones de años el registro fósil de este comportamiento.
El hallazgo se basa en decenas de diminutos huesos y dientes fosilizados extraídos de la Formación Prince Creek, a lo largo del río Colville en el norte de Alaska, una zona famosa por sus fósiles de dinosaurios. Entre los restos, los investigadores identificaron huesos de aves buceadoras similares a colimbos, aves parecidas a gaviotas y otras afines a patos y gansos modernos, demostrando que la diversidad aviar era notable incluso en ambientes polares prehistóricos.
Antes de este trabajo, la evidencia más antigua de aves criando en el Ártico o la Antártida databa de hace unos 47 millones de años, mucho después de la extinción masiva del final del Cretácico. Este nuevo registro paleontológico muestra que, durante decenas de millones de años, las aves han utilizado el Ártico como lugar de cría, persistiendo en estas regiones a pesar de sus condiciones extremas y de la presencia de grandes dinosaurios.
Uno de los hallazgos más destacados es la presencia de huesos de crías de aves, extremadamente raros debido a su fragilidad y a la dificultad de conservación en el registro fósil. Según los autores, encontrar huesos de aves del Cretácico ya es raro, pero hallar restos de polluelos resulta prácticamente inaudito, lo que subraya la importancia científica del yacimiento de Prince Creek.
El estudio también sugiere que algunas de estas aves podrían pertenecer a Neornithes, el grupo que incluye a todas las aves modernas, aunque para confirmarlo se requeriría encontrar esqueletos más completos. Sin embargo, ya se han identificado características esqueléticas que apuntan a una cercanía evolutiva con las especies actuales, como la ausencia de dientes verdaderos en algunos ejemplares.
La investigación fue posible gracias a técnicas de excavación meticulosas, que incluyeron el tamizado de grandes volúmenes de sedimento para recuperar hasta los fósiles más pequeños. Este enfoque ha permitido reconstruir no solo la presencia de aves, sino también el ambiente ecológico que compartían con dinosaurios, mamíferos y otros vertebrados del Cretácico polar.
Según Pat Druckenmiller, directora del Museo del Norte de la Universidad de Alaska y coautora del estudio, el Ártico puede considerarse la cuna de las aves modernas. Saber que estas aves llevan decenas de millones de años anidando en la región añade una perspectiva fascinante a la historia evolutiva y migratoria de estos animales.
El registro fósil del Ártico demuestra que la adaptación al frío, la migración y la crianza en condiciones extremas son estrategias mucho más antiguas de lo que se pensaba, y que la historia de las aves está profundamente entrelazada con la de los dinosaurios en uno de los entornos más inhóspitos de la Tierra.
Fuente: Basado en información publicada en la revista científica Science