Durante décadas, los océanos fueron considerados el hogar de una sola especie de moscardón azul (Physalia), distribuida globalmente y reconocible por su llamativo flotador azul. Sin embargo, un nuevo estudio internacional, liderado por científicos de la Universidad de Yale, la Universidad de Nueva Gales del Sur y la Universidad Griffith, ha desmontado esta visión tradicional, demostrando que lo que se consideraba una sola especie es, en realidad, un grupo diverso con linajes propios.
La investigación, publicada en Current Biology, analizó el genoma de 151 especímenes de moscardón azul recolectados alrededor del mundo. Los resultados revelan la existencia de al menos cuatro especies diferentes: Physalia physalis, P. utriculus, P. megalista y la recién identificada Physalia minuta, esta última hallada cerca de Nueva Zelanda y Australia. Cada una de estas especies posee morfologías únicas, áreas de distribución particulares y una marcada diferenciación genética.
El equipo de investigación utilizó un enfoque integrador, combinando secuenciación genómica con el análisis de miles de imágenes obtenidas gracias a la ciencia ciudadana, especialmente a través de la plataforma iNaturalist.org. Esta colaboración permitió validar, con datos modernos, morfologías que habían sido propuestas como especies distintas desde los siglos XVIII y XIX, pero que hasta ahora carecían de respaldo genético.
El estudio revela que, a pesar de compartir hábitats oceánicos y áreas de distribución superpuestas, las diferentes especies de moscardón azul mantienen un aislamiento reproductivo casi total. Esta conclusión desafía la idea, ampliamente aceptada, de que las poblaciones marinas están conectadas globalmente y se mezclan libremente en mar abierto.
Según los investigadores, los linajes genéticos de Physalia han evolucionado y se han mantenido separados gracias a factores como los vientos regionales, las corrientes oceánicas y la presión selectiva ambiental. Cada especie se subdivide además en subpoblaciones adaptadas a diferentes regiones, lo que muestra una biodiversidad mucho más rica de lo que se creía posible en el océano abierto.
La profesora Kylie Pitt, de la Universidad Griffith, señaló que el hallazgo obliga a replantear la visión tradicional sobre la conectividad de las especies marinas y la biodiversidad en alta mar. “Nos sorprendió descubrir que ni siquiera se cruzan, a pesar de compartir zonas”, explicó. Este descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la evolución y la adaptación de organismos marinos en ambientes aparentemente homogéneos.
Las futuras investigaciones buscarán comprender los procesos físicos, ambientales y biológicos que generaron y mantienen esta variación genética. Además, los resultados podrían influir en la gestión y conservación de estas especies, así como en el desarrollo de herramientas predictivas para prevenir las picaduras, en colaboración con instituciones de seguridad costera y meteorología.
Este estudio subraya la importancia de la genética y la ciencia ciudadana para descubrir la verdadera diversidad de los océanos, desafiando creencias centenarias y abriendo nuevas perspectivas sobre la vida en mar abierto.
Fuente: Current Biology