Un equipo de la Universidad de Cornell ha puesto sobre la mesa la que podría ser la propuesta más contundente y asequible para retirar dióxido de carbono de la atmósfera a gran escala: enterrar los restos de madera producidos en bosques gestionados. El trabajo, publicado el 25 de junio en Nature Geoscience, estima que, si se implementa de forma global durante las próximas décadas, la eliminación total de CO₂ alcanzaría entre 770 y 937 gigatoneladas, suficiente para reducir la temperatura media del planeta hasta en 0,42 °C.
El análisis se centra en los residuos de madera generados por actividades forestales gestionadas, aserraderos y muebles desechados. Actualmente, estos restos suelen ser quemados o abandonados en el suelo, provocando la liberación gradual del carbono almacenado en forma de CO₂. Sin embargo, si el material se entierra a unos dos metros de profundidad, el oxígeno se reduce de manera natural y se ralentiza radicalmente el proceso de descomposición, evitando la fuga de gases de efecto invernadero.
Según los cálculos presentados por el equipo liderado por el profesor Yiqi Luo, esta estrategia no solo sería efectiva en términos climáticos, sino también en costes y viabilidad técnica. “Hasta donde sabemos, es el método más eficaz, económico y potencialmente más sostenible para capturar carbono a gran escala”, afirmó Luo en el comunicado oficial. Además, el estudio subraya que, si Estados Unidos enterra el 66 % de los restos de madera de sus bosques gestionados, el país podría alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Los investigadores enfatizan que la clave es aprovechar la capacidad aislante del suelo, que al enterrar los restos de madera limita el acceso de oxígeno y permite conservar el carbono atrapado durante cientos o miles de años. Esta medida no solo ayudaría a frenar el cambio climático, sino que también aportaría beneficios secundarios como la reducción de material combustible en regiones de alto riesgo de incendios forestales.
El método estudiado se enfoca especialmente en los bosques gestionados —aquellos sujetos a aprovechamiento maderero y planificación forestal—, pero los autores sostienen que podría adaptarse a otros contextos, como el mantenimiento urbano, la gestión de huertos y plantaciones agrícolas, e incluso el reciclaje de muebles de madera desechados.
El estudio fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencias, el Departamento de Energía de EE. UU., el Departamento de Agricultura y agencias ambientales del estado de Nueva York, que ven en esta estrategia una vía complementaria y directa para la mitigación climática sin grandes requerimientos tecnológicos.
No obstante, los autores advierten que aún se requieren estudios a gran escala para evaluar posibles impactos sobre la salud del suelo, el balance de nutrientes, la biodiversidad y el potencial de generación de otros gases como el metano. También apuntan que la logística de la recolección, transporte y entierro masivo de residuos madereros debe analizarse en términos de costes, emisiones asociadas y aceptación social.
El profesor Luo y su equipo ya están colaborando en proyectos piloto para analizar si la práctica podría implementarse, por ejemplo, en huertos de Nueva York para alcanzar la neutralidad de carbono local. Además, la técnica podría convertirse en una herramienta clave para la gestión de desechos tras catástrofes naturales o grandes talas, minimizando el riesgo de incendios forestales y la liberación descontrolada de carbono.
En un momento de urgencia climática y ante la falta de soluciones masivas y económicamente viables para la captura y almacenamiento de carbono, este estudio reabre el debate sobre el aprovechamiento inteligente de los residuos forestales. La propuesta, lejos de la sofisticación tecnológica de otros métodos, apela a la sencillez operativa y a la escala industrial para lograr una diferencia tangible en el balance global de CO₂.
El trabajo, revisado por pares y publicado en Nature Geoscience, aporta una base sólida de datos y modelización para que los responsables de políticas ambientales y los gestores forestales consideren el entierro de madera como parte de los planes integrales para cumplir con los objetivos de descarbonización a medio y largo plazo.