Un estudio internacional ha demostrado que, contrario a lo que se pensaba, el clima de invernadero del Cretácico Inferior no fue estable ni cálido de forma homogénea. A partir del análisis de conchas fosilizadas de ostras Rastellum, los investigadores identificaron marcadas variaciones estacionales de temperatura, comparables a las actuales en zonas templadas.
El trabajo fue liderado por el profesor DING Lin, del Instituto de Investigación de la Meseta Tibetana de la Academia China de Ciencias, junto con científicos de Alemania, Reino Unido y Madagascar. Utilizando fósiles del antiguo océano Neo-Tetis y modelos climáticos de alta resolución, reconstruyeron el comportamiento estacional del clima marino hace más de 130 millones de años.
Los resultados contradicen la noción de que los períodos de efecto invernadero se caracterizan por climas cálidos y constantes. En cambio, el análisis de isótopos de oxígeno en capas anuales de crecimiento de las ostras revela diferencias invernales de hasta 15 °C respecto al verano, así como evidencia de deshielos estacionales similares a los actuales en Groenlandia.
La estructura de las conchas, con bandas claras y oscuras, permitió realizar micromuestreos de alta resolución que reflejan los ciclos climáticos anuales. Estas muestras fueron analizadas mediante microscopía electrónica, catodoluminiscencia y geoquímica, confirmando su preservación original sin alteraciones post-depositacionales.
Al comparar estos datos con simulaciones del modelo climático HadCM3, el equipo validó los cambios térmicos detectados y demostró que los niveles elevados de CO₂ no eliminan la estacionalidad climática, sino que pueden intensificar los extremos.
“Los organismos de acreción como las ostras conservan el pulso climático del pasado”, comentó el profesor DING. Esta información se usó previamente para recalibrar la paleoaltimetría en Asia, y ahora se aplica para entender los ritmos ocultos del clima de efecto invernadero.
El estudio también detecta pulsos glaciares valanginianos, posiblemente impulsados por ciclos orbitales y el vulcanismo del Paraná-Etendeka, que habrían generado afluencias de agua dulce a los océanos. Esto sugiere que incluso en periodos cálidos globales, pueden existir eventos de enfriamiento y dinámica de hielo significativos.
Los autores concluyen que la simplificación del calentamiento global como un fenómeno de temperaturas en alza constante no refleja la complejidad del sistema climático terrestre. Tal como señaló el coautor WANG Tianyang, “el futuro climático también podría incluir sorpresas frías, no solo calor extremo”.
Referencias: Science Advances