El desafío de crear hábitats habitables fuera de la Tierra se enfrenta a obstáculos formidables: la limitada disponibilidad de materiales, los altos costes de transporte y la necesidad de sistemas autosuficientes. Sin embargo, un equipo de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard (SEAS) ha dado un paso clave al demostrar que es posible cultivar algas verdes dentro de refugios de bioplástico bajo condiciones de presión atmosférica similares a las de Marte.
Los experimentos, liderados por el profesor Robin Wordsworth, probaron la viabilidad de usar bioplásticos derivados de algas para fabricar pequeñas cámaras de crecimiento. En estas cámaras, el alga Dunaliella tertiolecta prosperó, incluso cuando la presión interna era de solo 600 pascales—más de cien veces inferior a la presión terrestre—y el ambiente contenía altos niveles de dióxido de carbono, como ocurre en Marte.
Los refugios de bioplástico impresos en 3D bloquean la radiación ultravioleta dañina, pero permiten el paso de luz suficiente para la fotosíntesis. Esta característica no solo protege a los microorganismos, sino que también favorece su crecimiento, mostrando el potencial de un sistema de hábitat completamente renovable y cerrado. Además, la cámara de bioplástico genera un gradiente de presión que permite la existencia de agua líquida, algo imposible en la superficie marciana sin protección.
Uno de los aspectos más innovadores del enfoque es que el bioplástico puede ser producido por las mismas algas que crecen en el hábitat, creando así un ciclo cerrado de producción y mantenimiento. Los investigadores afirman que, en el futuro, este sistema podría ampliarse, permitiendo que hábitats espaciales generen y reparen sus propios materiales estructurales sin necesidad de importar recursos desde la Tierra.
La idea de utilizar biomateriales en lugar de compuestos industriales representa un cambio radical en la arquitectura espacial. En lugar de depender de metales, plásticos convencionales u otros materiales complejos, la biología ofrece una solución adaptable, autosuficiente y capaz de reciclarse continuamente, lo que es fundamental para las misiones de larga duración o la colonización planetaria.
El equipo de Wordsworth ya había trabajado en tecnologías de terraformación local para Marte, empleando aerogeles de sílice para simular el efecto invernadero terrestre. La combinación de bioplásticos y aerogeles podría resolver los desafíos gemelos de presión y temperatura, abriendo la posibilidad de ecosistemas verdaderamente autosustentables en ambientes extraterrestres hostiles.
Los próximos pasos de la investigación apuntan a validar el funcionamiento de estos hábitats bajo condiciones de vacío, relevantes para aplicaciones lunares o estaciones en el espacio profundo. Los científicos también buscan diseñar sistemas completamente cerrados, donde los residuos se reciclen y los materiales estructurales y alimentarios provengan de fuentes biológicas internas.
Más allá de su impacto para la exploración espacial, el desarrollo de hábitats de bioplástico tiene implicaciones para la sostenibilidad en la Tierra, proporcionando inspiración para nuevas formas de construcción ecológica y autosuficiente. A medida que la tecnología evolucione, los hábitats biológicos podrían ser clave tanto para la vida fuera del planeta como para el futuro sostenible de la humanidad.
Fuente: Harvard SEAS