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Identifican causas de la brecha sísmica en Guerrero tras un siglo sin terremotos

Una zona sísmica inactiva desde hace más de un siglo podría ser clave para entender cómo, cuándo y por qué ocurren los terremotos en la región de Guerrero, México.

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

3 min lectura

Vista panorámica de la región de Puerto Vicente Guerrero, zona de intensa actividad sísmica en México.
Imagen ilustrativa del área estudiada en Guerrero, México. (Créditos: Modificado de Alejandro Linares García vía Wikipedia)

Aunque México es conocido por su intensa actividad sísmica, existe una zona peculiar en el estado de Guerrero que ha desconcertado durante décadas a los geofísicos: la llamada brecha sísmica de Guerrero. A diferencia de otras áreas, aquí no se han registrado grandes terremotos en más de cien años. Este silencio sísmico no implica seguridad, sino todo lo contrario: es una señal de que la tensión podría acumularse hasta liberarse en un evento catastrófico.

Con el objetivo de comprender este fenómeno, un equipo de investigadores de la Universidad de Kobe se embarcó en un análisis exhaustivo mediante simulaciones por computadora. Liderados por el geofísico Nobuaki Suenaga, los científicos buscaron correlaciones entre la temperatura de las placas tectónicas, la liberación de agua y la ocurrencia de diversos tipos de terremotos, incluyendo deslizamientos lentos y temblores de baja frecuencia.

La región es particularmente propicia para este tipo de estudio, ya que cuenta con una gran cantidad de datos recopilados por medios terrestres, marítimos, satelitales y aéreos. Esta ventaja permitió al equipo desarrollar un modelo sísmico tridimensional ajustado con precisión a las condiciones geológicas de Guerrero, algo que pocas veces se ha logrado con este nivel de detalle.

Entre los hallazgos más relevantes, destaca el papel de la temperatura en la interfaz entre placas tectónicas. Las zonas más frías, como la de la brecha sísmica, tienden a generar menos terremotos, mientras que las zonas más calientes favorecen el movimiento y la liberación de energía. Asimismo, la forma curva de la Placa de Cocos en esta región parece limitar el calentamiento, lo que explicaría la ausencia de grandes sismos en el área.

Otro factor clave identificado fue la presencia de agua en las rocas profundas, liberada por transformaciones mineralógicas. Esta agua incrementa la presión de poro, reduciendo la fricción entre placas y facilitando deslizamientos lentos. En palabras de Suenaga, “la brecha sísmica de Guerrero podría estar mejor lubricada que sus alrededores, liberando energía sin generar temblores perceptibles”.

No obstante, el riesgo sigue siendo alto. Los deslizamientos lentos no siempre compensan la tensión acumulada, especialmente en las capas más superficiales, donde ocurren los terremotos más destructivos. Por ello, entender los mecanismos detrás de estos movimientos se vuelve esencial para prevenir catástrofes.

Este estudio no solo representa un avance científico, sino también un esfuerzo personal. Erika Moreno, asistente de investigación colombiana que participó en el proyecto, sufrió en carne propia un terremoto en 1999. Desde entonces, su objetivo ha sido claro: desentrañar los secretos del movimiento tectónico para evitar futuros desastres humanos.

Publicado en la revista Scientific Reports, el estudio propone una herramienta más robusta para evaluar el peligro sísmico en Guerrero. Además, los investigadores planean aplicar sus métodos en otras zonas de subducción del planeta, con el fin de crear un modelo universal que anticipe con mayor precisión la actividad sísmica en distintas regiones del mundo.

Este proyecto fue respaldado por la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia y contó con la colaboración de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Academia China de Ciencias. Su impacto podría ser fundamental para mejorar los protocolos de alerta temprana y protección civil en zonas de riesgo.

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