En un encuentro celebrado en Tianjin, el primer ministro indio Narendra Modi y el presidente chino Xi Jinping afirmaron que sus países deben verse como socios de desarrollo y no como rivales, enviando un mensaje de unidad en un contexto de tensiones internacionales y presión arancelaria de Estados Unidos.
La reunión bilateral se dio en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde también participaron líderes de Rusia, Irán, Pakistán y otras naciones de Asia Central. El gesto busca proyectar un frente común del Sur Global frente a los desafíos económicos y geopolíticos actuales.
Modi destacó que se ha generado un clima de “paz y estabilidad” en la frontera del Himalaya tras los acuerdos de patrullaje alcanzados en 2024, luego de años de tensiones que incluyeron enfrentamientos mortales en 2020. Subrayó que la cooperación bilateral impacta directamente en la vida de 2.800 millones de personas.
Por su parte, Xi Jinping insistió en que las disputas fronterizas no deben definir la relación general entre ambas naciones. Según el mandatario chino, India y China representan oportunidades de desarrollo mutuo y deben apoyarse en lugar de competir.
El encuentro se produce apenas días después de que Washington aplicara un arancel del 50% a los productos indios, en parte por la decisión de Nueva Delhi de seguir comprando petróleo a Rusia. Analistas interpretan que este acercamiento busca contrarrestar la presión de Occidente.
Entre los avances concretos se encuentra la reanudación de vuelos directos suspendidos desde 2020 y el levantamiento de restricciones comerciales por parte de Pekín, como la exportación de tierras raras, fertilizantes y maquinaria.
China es el mayor socio comercial de India, aunque el déficit bilateral alcanzó un récord de 99.200 millones de dólares. Modi transmitió a Xi la necesidad de reducir ese desequilibrio y ampliar la inversión china en sectores estratégicos.
El acercamiento también tiene un componente simbólico. En los últimos meses, Pekín permitió nuevamente el acceso de peregrinos indios a sitios religiosos en el Tíbet, mientras ambos gobiernos flexibilizaron el otorgamiento de visados turísticos.
Aun así, persisten tensiones de largo plazo: desde la preocupación india por una megapresa china en el Tíbet que podría afectar el río Brahmaputra, hasta la tradicional cercanía de Pekín con Pakistán, el principal adversario de Nueva Delhi.
Expertos como Manoj Kewalramani, del centro Takshashila Institution en Bengaluru, consideran que el deshielo es real, pero advierten que la relación sigue marcada por contradicciones y que el desafío será mantener una cooperación estable a largo plazo.
Con este gesto, India y China parecen dar un paso hacia la normalización tras años de fricciones, aunque la verdadera prueba será sostener compromisos más allá de los foros internacionales y en medio de la compleja competencia por influencia en Asia.