Según documentos internos filtrados, Neuralink tiene un plan ambicioso para los próximos años: implantar 20.000 chips cerebrales anuales hacia 2031. Esto implicaría ingresos superiores a mil millones de dólares cada año. La empresa también contempla operar cinco grandes clínicas propias en seis años.
Los planes de Neuralink incluyen ofrecer tres versiones distintas del chip cerebral. Una de ellas, llamada Telepathy, conectará el cerebro directamente con dispositivos electrónicos, permitiendo controlar computadoras o electrodomésticos solo con el pensamiento. Otra, Blindsight, está diseñada para ayudar a personas ciegas a recuperar cierta percepción visual mediante estímulos eléctricos en el cerebro. Y Deep, destinado a tratar síntomas del Parkinson, como temblores y rigidez muscular.
Hasta ahora, menos de diez personas han participado en los ensayos clínicos de Neuralink. Aunque ninguna ha sido tratada con fines terapéuticos relacionados con Parkinson o ceguera, las pruebas actuales se centran en pacientes con parálisis, quienes ya pueden controlar computadoras con señales neuronales. Un caso emblemático fue el de un paciente parapléjico que logró jugar ajedrez usando únicamente su mente. Estos avances son prometedores, pero aún están lejos de convertirse en opciones médicas generalizadas.
Los documentos indican que el costo por cirugía sería de unos 50.000 dólares, lo que posicionaría a Neuralink en un mercado emergente pero con alto potencial. Si alcanza su objetivo de 20.000 implantes anuales, podría facturar miles de millones en ingresos netos. Este escenario convierte a Neuralink en una de las empresas más ambiciosas en el campo de la neurotecnología, aunque también enfrenta múltiples desafíos técnicos, éticos y regulatorios.
A pesar de los avances, la FDA estadounidense no ha aprobado ningún dispositivo de interfaz cerebro-computadora para uso comercial permanente. Todavía se necesitan más datos sobre seguridad, efectividad a largo plazo y reacciones adversas. Además, el historial de Elon Musk con fechas ambiciosas genera escepticismo. En el pasado, aseguró que Tesla tendría conducción autónoma en tres años, pero la implementación real se postergó repetidamente.
Neuralink ya ha mostrado resultados sorprendentes, como el experimento con un mono que respondió a estímulos visuales sin usar sus ojos. Sin embargo, la transición desde el laboratorio a la práctica clínica sigue siendo un proceso complejo. Los desafíos técnicos, la regulación médica y las consideraciones éticas sobre la privacidad neuronal y el consentimiento informado siguen abiertos. Por ahora, el camino hacia la masificación de estos implantes aún está lejos.