La tensión aérea en el Ártico volvió a encenderse este domingo. El Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) informó que aviones de combate estadounidenses despegaron para escoltar a una aeronave militar rusa detectada frente a Alaska. Se trata del tercer incidente en apenas siete días, un patrón que inquieta a Washington.
El aparato, identificado como un avión de reconocimiento IL-20 de la era soviética, fue rastreado dentro de la Zona de Identificación de Defensa Aérea de Alaska (ADIZ). Esta franja de espacio aéreo internacional no pertenece a ningún país, pero exige que las aeronaves se identifiquen por motivos de seguridad nacional.
El ejército estadounidense subrayó que el avión ruso nunca penetró en territorio soberano de Estados Unidos ni de Canadá, permaneciendo en espacio aéreo internacional. Sin embargo, la reiteración de vuelos en la zona despierta preocupación.
En respuesta, NORAD desplegó varios cazas para interceptar y vigilar a la aeronave hasta que abandonó la zona. El mando militar aseguró que las operaciones se llevaron a cabo de manera segura y profesional, con plena coordinación entre fuerzas estadounidenses y canadienses.
“Este tipo de actividad ocurre con regularidad y no se considera una amenaza directa”, indicó NORAD en un comunicado, recordando que mantiene una red de radares, satélites y aviones listos para reaccionar en cualquier momento.
Los acercamientos rusos a Alaska no son nuevos. Este año ya se han registrado siete incursiones en la ADIZ, mientras que en 2024 y 2023 hubo al menos 26 episodios en cada ejercicio. En septiembre del año pasado, NORAD difundió un video de un Su-35 ruso que voló peligrosamente cerca de un caza estadounidense, lo que desató críticas por conducta “insegura y poco profesional”.
El nuevo incidente llega pocos días después de la cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Anchorage, un encuentro destinado a explorar un acuerdo de paz en Ucrania. Para algunos analistas, los vuelos rusos pueden ser una señal de presión geopolítica mientras continúan las negociaciones.
Aunque NORAD insiste en que no existe amenaza inmediata, los episodios reflejan cómo el Ártico se ha convertido en un escenario de rivalidad estratégica. Para Estados Unidos, cada interceptación reafirma la necesidad de mantener presencia constante en la región.