Desde que SpaceX popularizó la imagen de un cohete regresando a la Tierra en posición vertical, el sector aeroespacial parece haber asumido que este es el camino natural de la reutilización. Sin embargo, en China una pequeña empresa llamada Nayuta Space acaba de presentar una propuesta diferente: cohetes que aterrizan en horizontal gracias a un innovador sistema de control aerodinámico y propulsión final.
La idea contrasta con el modelo tradicional de patas desplegables y descenso vertical. Nayuta cree que un aterrizaje horizontal permitiría ahorrar masa estructural, reducir el consumo de propelentes y aumentar la vida útil de los motores. Su propuesta, bautizada como ADHL (Aerodynamic Deceleration Horizontal Landing), combina técnicas de planeo con una fase final de propulsión controlada.
Fundada en 2020 en Pekín, Nayuta Space es una compañía de perfil bajo frente a actores más conocidos como LandSpace o Galactic Energy. Su CEO, Li Rui, ha defendido la idea de que la innovación radical puede abrir un hueco en un mercado donde SpaceX mantiene una ventaja abrumadora.
El vehículo en el que trabajan se llama Xuanniao R, una evolución del diseño inicial Xuanniao 1. Se trata de un lanzador de acero inoxidable de gran tamaño, equipado con motores de metano Canglong 1. La etapa principal incluirá nueve motores en su versión básica y hasta trece en la variante más potente, Xuanniao RS.
Lo distintivo de este cohete es que no utiliza alas ni trenes de aterrizaje convencionales. En su lugar, cuenta con superficies aerodinámicas que permiten realizar maniobras de gran ángulo de ataque durante el regreso, reduciendo su velocidad de varios kilómetros por segundo a menos de mil kilómetros por hora antes de la fase final de frenado.
En ese último tramo entran en acción seis propulsores dedicados exclusivamente a posarlo de manera horizontal sobre una superficie preparada. El resultado recuerda en parte al “belly flop” de la nave Starship, pero invertido: no se busca un regreso vertical, sino uno plano, con el cohete acostándose como un avión futurista.
Según Nayuta, esta técnica evitaría el uso de estructuras pesadas como las patas de aterrizaje del Falcon 9 y permitiría un retorno más controlado en zonas designadas. Sobre el papel, también aumentaría la fiabilidad de la recuperación y reduciría costes a largo plazo.
No obstante, los desafíos técnicos son enormes. Controlar un cuerpo cilíndrico de decenas de metros a grandes velocidades en maniobras de ataque extremo es extremadamente complejo. SpaceX ya sufrió la destrucción de un Super Heavy en una prueba por no resistir esas cargas aerodinámicas.
Además, el sistema requiere motores adicionales, tanques secundarios de propelente y un aumento significativo de la masa en seco, lo que limita la capacidad de carga útil del cohete. Estas penalizaciones hacen que muchos expertos duden de su viabilidad real más allá de la teoría.
La propia empresa reconoce que su plan tiene un horizonte optimista: un primer vuelo hacia 2026. Observadores señalan que propuestas así pueden estar dirigidas más a atraer inversión que a una ejecución inmediata, en un entorno donde la espectacularidad tecnológica pesa tanto como la factibilidad.
Aun con estas dudas, Nayuta Space ha logrado captar la atención del sector. Su concepto ADHL reabre el debate sobre si los aterrizajes de cohetes deben limitarse al modelo vertical o si, en el futuro, veremos alternativas híbridas que desafíen el dominio de SpaceX. De momento, su idea sigue siendo una apuesta arriesgada, pero también un recordatorio de que la carrera espacial todavía admite caminos no explorados.