Un nuevo estudio internacional ha logrado precisar cuándo nació Júpiter, el planeta más grande del sistema solar. La clave no estuvo en telescopios ni en misiones espaciales, sino en diminutas esferas de roca fundida llamadas cóndrulos que permanecieron atrapadas en meteoritos durante más de 4.500 millones de años.
Investigadores de la Universidad de Nagoya en Japón y del Instituto Nacional Italiano de Astrofísica analizaron estas gotas microscópicas y concluyeron que se formaron tras colisiones violentas entre cuerpos primitivos llamados planetesimales. La atracción gravitatoria de Júpiter provocó que estos fragmentos chocaran con tal intensidad que la roca se fundió, originando los cóndrulos que hoy encontramos en meteoritos como auténticas cápsulas del tiempo.
El hallazgo fue publicado en la revista Scientific Reports el 25 de agosto de 2025. Los científicos detallan que la producción masiva de cóndrulos coincidió con el momento en que Júpiter acumuló gas a gran velocidad hasta alcanzar su tamaño actual. Según los datos, este proceso ocurrió apenas 1,8 millones de años después del inicio del sistema solar, un intervalo extremadamente corto en escalas cósmicas.
Los cóndrulos miden entre 0,1 y 2 milímetros y constituyen uno de los mayores enigmas de la cosmoquímica. Su forma esférica había desconcertado a los especialistas durante décadas. El nuevo modelo indica que el agua contenida en los planetesimales se vaporizó instantáneamente durante las colisiones, actuando como pequeñas explosiones que dispersaron la roca líquida en microgotas.
El profesor Sin-iti Sirono, coautor del trabajo, explicó que este mecanismo surge de manera natural en un entorno dominado por la gravedad de un planeta gigante en formación. A diferencia de teorías anteriores, el modelo no requiere condiciones excepcionales para reproducir las características observadas en meteoritos.
El estudio no solo permite fechar el nacimiento de Júpiter, sino que también ofrece un método para reconstruir el orden en el que aparecieron otros planetas. Saturno, por ejemplo, podría haber desencadenado procesos similares al formarse, lo que explicaría por qué existen cóndrulos de distintas edades en las rocas espaciales que llegan a la Tierra.
Más allá de nuestro sistema, la investigación abre la posibilidad de aplicar este enfoque al estudio de exoplanetas. Los violentos impactos que generan cóndrulos podrían repetirse alrededor de otras estrellas, aportando pistas sobre cómo surgen los mundos gigantes en diferentes sistemas planetarios.
Este avance es fruto de la colaboración entre instituciones japonesas, italianas y europeas, con apoyo de la Agencia Espacial Italiana y del Consejo Europeo de Investigación. Los resultados marcan un paso clave para entender no solo el origen de Júpiter, sino también el proceso de construcción de los planetas en general.
Fuente: Nature