La tensión entre Tailandia y Camboya se disparó este fin de semana cuando nuevos enfrentamientos llevaron a la muerte de al menos siete soldados y 13 civiles en el lado tailandés, según reportes oficiales. Por su parte, Camboya informó sobre cinco fallecidos militares y ocho civiles heridos, marcando una nueva oleada de violencia en una zona que lleva décadas sin resolverse definitivamente.
El presidente Donald Trump afirmó haber hablado directamente con los líderes de ambos países y haber intercambiado mensajes para impulsar una solución diplomática. “Han acordado reunirse de inmediato y negociar rápidamente un alto el fuego”, escribió Trump en redes sociales, añadiendo que espera con interés cerrar futuros acuerdos comerciales con ambos países.
Camboya respondió a las acciones militares de Tailandia como “un ataque militar deliberado, no provocado e ilegal”, mientras que Bangkok insistió en que busca resolver la disputa de manera bilateral. El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, también intervino como mediador regional, proponiendo un plan de alto el fuego respaldado por ASEAN, aunque Tailandia aún no da señales claras de compromiso total.
Los combates se concentraron principalmente en las provincias costeras de Trat y Pursat, donde se registraron nuevos focos de conflicto. Según autoridades tailandesas, soldados resultaron heridos por minas terrestres recientemente colocadas en territorio nacional —afirmación que Camboya rechazó rotundamente—, mientras que Camboya acusó a Tailandia de lanzar ataques sorpresivos el jueves por la mañana.
Ambas naciones han estado en disputa durante décadas sobre puntos no demarcados a lo largo de su frontera terrestre de 817 kilómetros. Los templos hindúes Preah Vihear y Ta Moan Thom son el epicentro de la contienda. Aunque la Corte Internacional de Justicia otorgó el templo a Camboya en 1962, Tailandia nunca reconoció la decisión, prefiriendo resolver el asunto mediante conversaciones bilaterales.
Gregory Poling, experto en el sudeste asiático del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), destacó que si bien la intervención de Trump puede ayudar a acelerar un cese al fuego, existen riesgos: ni uno ni otro país quiere verse presionado por amenazas comerciales. “Si logran un acuerdo y luego fallan en cerrar acuerdos comerciales antes del 1 de agosto, podría considerarse una traición a EE.UU.”, advirtió Poling.
Mientras tanto, la ONU y ASEAN continúan llamando a ambas partes a evitar una escalada mayor. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió el viernes para discutir el tema, pero hasta ahora no hay un mecanismo multilateral claro para resolver la crisis. Tanto Tailandia como Camboya insisten en que quieren solucionar el conflicto por sus propios medios, aunque admiten públicamente la importancia del diálogo internacional.
Las tensiones se agravan por el contexto político interno: el gobierno de coalición de Tailandia está bajo presión interna por el manejo del conflicto, y Camboya busca proteger su soberanía territorial. Mientras los refugiados huyen de las zonas afectadas, las fuerzas armadas siguen movilizándose, y la situación sigue siendo delicada.