Un nuevo estudio publicado en la revista JGR Atmospheres, y basado en datos satelitales de la NASA y la NOAA, revela una sorprendente conclusión: el humo producido por grandes incendios forestales no solo no aumenta el riesgo de propagación mediante rayos, sino que, al contrario, podría ayudar a mitigarlo.
El análisis se centró en el masivo incendio de Sparks Lake, ocurrido en Columbia Británica, Canadá, durante junio de 2021. Allí, el calor intenso generó una nube pirocumulonimbo —una formación rara causada por la fuerza ascendente del aire caliente— que disparó más de 5,600 rayos en apenas cinco horas.
A pesar de la gran cantidad de actividad eléctrica, los investigadores encontraron que muchos de esos rayos eran impactos entre nubes, no entre nubes y tierra. Además, el espeso humo pareció atenuar la energía de los rayos que sí llegaban al suelo, lo que disminuyó significativamente la probabilidad de que provocaran nuevos incendios.
Los científicos utilizaron imágenes y datos recolectados por satélites como Landsat 8 y la flota Suomi-NPP, que permitieron analizar cómo se comportaba la tormenta eléctrica sobre las zonas afectadas. Estos datos son clave para entender cómo los incendios interactúan con la atmósfera y si realmente se autoalimentan o si hay mecanismos naturales que limitan su expansión.
Según los resultados, aunque los incendios pueden generar condiciones propicias para tormentas eléctricas intensas, el efecto neto no necesariamente implica un mayor peligro de nuevas llamas. De hecho, el estudio sugiere que el humo actúa como un amortiguador natural, filtrando parte de la energía de los rayos antes de que toquen el suelo.
Lo que aún queda pendiente es cuánto influyen estos fenómenos en el riesgo total. Aunque se registraron miles de descargas, muy pocas tuvieron potencial para iniciar nuevos incendios. Para confirmar este patrón en otros eventos similares, los expertos señalan que se necesitarán más observaciones y estudios satelitales a largo plazo.
Este hallazgo no solo tiene implicaciones científicas, sino también prácticas para los equipos de gestión de incendios. Si el humo actúa como un filtro natural, podría ofrecer pistas sobre cómo predecir y controlar la expansión de los fuegos, especialmente en contextos donde los rayos son un factor común en la propagación de incendios secundarios.
El estudio destaca la importancia de continuar monitoreando los incendios desde el espacio, ya que los satélites permiten obtener información precisa sobre variables atmosféricas y terrestres que son difíciles de medir desde tierra.