Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en la República Dominicana un fósil de hormiga Basiceros enana preservado en ámbar de 16 millones de años. Este hallazgo ofrece un registro único de una especie extinta y redefine su historia evolutiva.
La Basiceros enana pertenece a un grupo de hormigas de tierra conocidas por su camuflaje, gracias a pelos corporales especializados que retienen partículas del suelo. El fósil muestra que estas adaptaciones ya estaban presentes hace millones de años.
Los análisis revelan que la hormiga medía apenas 5,13 milímetros, siendo la más pequeña conocida de su linaje. Sus parientes modernos alcanzan hasta 9 milímetros, lo que cambia la idea de que este grupo se redujo de tamaño con el tiempo.
El hallazgo se realizó en ámbar dominicano formado a partir de resina fosilizada, lo que permitió preservar el espécimen en tres dimensiones con un nivel de detalle excepcional. Esto permitió estudiar su morfología de forma minuciosa.
Mediante microtomografía computarizada y reconstrucciones 3D, el equipo observó características depredadoras como mandíbulas con 12 dientes triangulares y una espina propodeal orientada hacia arriba, rasgos compartidos con hormigas de tierra modernas.
El fósil confirma que la especie habitó el Caribe durante el Mioceno, antes de sufrir una extinción local. Se cree que antiguos puentes terrestres facilitaron su llegada desde el continente sudamericano.
Hasta ahora, el género Basiceros se conocía únicamente en selvas neotropicales desde Costa Rica hasta Brasil. Este descubrimiento amplía su distribución histórica y plantea nuevas preguntas sobre los cambios ambientales que provocaron su desaparición regional.
Entre las hipótesis planteadas para su extinción destacan la pérdida de nichos ecológicos y la competencia con otras especies. Según el estudio, más de un tercio de los géneros de hormigas depredadoras se han extinguido en la isla.
La Basiceros enana presenta dos tipos de pelos: unos largos y erectos tipo “cepillo” y otros cortos y comprimidos que atrapan partículas contra su exoesqueleto, una estrategia de cripsis para evitar depredadores y sorprender a sus presas.
Estas adaptaciones sugieren que la especie estaba perfectamente adaptada a un estilo de vida oculto, lo que explica la rareza de encontrar hormigas de tierra vivas y fósiles en la naturaleza.
El estudio, liderado por el Instituto de Tecnología de Nueva Jersey y la Universidad de Posgrado del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, demuestra la importancia de los fósiles de ámbar para reconstruir la historia biogeográfica de las especies.
Para los científicos, este descubrimiento no solo llena un vacío en el registro fósil, sino que también sirve como advertencia sobre la vulnerabilidad de especies especializadas ante cambios ambientales acelerados por la actividad humana.
La hormiga Basiceros enana se convierte así en un testimonio silencioso de un Caribe perdido, recordándonos que incluso las criaturas más pequeñas pueden ofrecer grandes lecciones sobre la evolución y la supervivencia.