Mo Gawdat, antiguo Director de Negocios en Google X, ha vuelto a generar debate global con sus declaraciones sobre el rumbo que está tomando la inteligencia artificial. El experto asegura que no es la tecnología en sí la que representa el mayor peligro, sino el modo en que los humanos podrían usarla.
En una entrevista reciente, Gawdat advirtió que las IAs superinteligentes podrían convertirse en herramientas para aumentar la desigualdad, manipular a las sociedades y concentrar aún más el poder. “Si se entrega a líderes irresponsables, la IA puede amplificar lo peor de la naturaleza humana”, afirmó.
El exejecutivo recordó que ya en 2021 predijo la irrupción de sistemas como ChatGPT, y subrayó que el desarrollo actual es mucho más veloz de lo que la mayoría de gobiernos y empresas pueden regular o controlar. Esto, asegura, abre la puerta a un escenario con impactos difíciles de revertir.
Entre sus principales preocupaciones está la ausencia de valores universales que guíen el uso de la IA. Según Gawdat, los intereses políticos y económicos podrían eclipsar cualquier intento de proteger a la población, dejando a las personas expuestas a decisiones automatizadas que prioricen beneficios sobre el bienestar.
Para ilustrar la velocidad del cambio, mencionó que su propia startup funciona con apenas dos personas y múltiples inteligencias artificiales, lo que antes habría requerido cientos de empleados. Esto, dice, muestra la capacidad de la IA para sustituir tareas humanas en tiempo récord.
A nivel social, prevé una reducción drástica de empleos en sectores creativos, técnicos y administrativos, mientras que los puestos que requieren contacto humano genuino, como terapeutas o cuidadores, serán más resistentes a la automatización.
El problema, insiste, no es que las máquinas actúen de forma maliciosa por cuenta propia, sino que quienes las controlen podrían usarlas para reforzar su poder, manipular información o suprimir libertades.
Gawdat cree que ya estamos viendo señales tempranas de este fenómeno en la concentración de tecnologías avanzadas en manos de unas pocas corporaciones, capaces de moldear el acceso a la información y condicionar economías enteras.
Frente a este panorama, recomienda establecer marcos éticos y regulatorios internacionales que limiten los abusos, así como fomentar una cultura tecnológica más inclusiva y transparente.
“La inteligencia artificial puede ser la mayor herramienta para el progreso humano, pero solo si se gestiona con responsabilidad. El riesgo de que ocurra lo contrario es real, y el tiempo para actuar es ahora”, concluyó.