Un estudio dirigido por la Universidad de Stanford, publicado en AGU Advances, aporta la evidencia más sólida hasta la fecha sobre los beneficios de las quemas controladas. El equipo científico demostró que aplicar fuego de manera planificada y controlada en áreas estratégicas logra reducir la gravedad de incendios forestales posteriores en un 16% y la contaminación neta por humo en un 14%.
La investigación, liderada por el investigador Makoto Kelp junto a expertos en sostenibilidad y economía ambiental, empleó imágenes satelitales de alta resolución y registros de gestión territorial. El análisis comparó zonas tratadas con quemas prescritas y áreas adyacentes no tratadas durante la temporada extrema de incendios de 2020 en California, observando diferencias significativas en la intensidad de las llamas y la cantidad de partículas finas (PM 2.5) emitidas al ambiente.
El hallazgo es especialmente relevante ante el incremento de grandes incendios forestales en Estados Unidos, con riesgos crecientes para comunidades, paisajes y la salud pública. Las partículas finas provenientes del humo han sido vinculadas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de contribuir a la mala calidad del aire en extensas regiones del país.
Aunque la quema prescrita no es una solución total, sí se revela como una estrategia comprobada para mitigar riesgos en bosques vulnerables y reducir la exposición humana a contaminantes. Los autores subrayan que la eficacia de esta técnica es mayor fuera de las zonas donde casas y vegetación silvestre conviven, pero que sus beneficios pueden ser ampliados si se implementan políticas y recursos adecuados.
El estudio responde a las dudas sobre el posible impacto negativo de las quemas controladas en la calidad del aire. Los investigadores concluyeron que el humo generado por este método representa apenas el 17% de las emisiones que produciría un incendio forestal descontrolado en la misma área, lo que refuerza su utilidad como herramienta de gestión ambiental.
Actualmente, el gobierno federal y agencias estatales invierten miles de millones de dólares en tratamientos forestales, aunque la aplicación de quemas prescritas sigue siendo limitada en muchos estados del oeste. El trabajo de Stanford proporciona datos empíricos clave para orientar políticas públicas y aumentar la aceptación de esta estrategia por parte de la sociedad.
Además, los científicos resaltan la importancia de perfeccionar el uso de quemas controladas en la interfaz urbano-forestal, donde la eficacia es menor pero la necesidad de proteger vidas y bienes es más alta. Sugieren combinar la quema prescrita con otras técnicas, como el raleo mecánico, para maximizar los beneficios en zonas residenciales.
En definitiva, la evidencia científica avala que las quemas controladas pueden ser una herramienta valiosa para reducir la severidad de los incendios y los impactos del humo. Una política de manejo forestal basada en datos podría ayudar a construir comunidades más seguras y resilientes ante el aumento de los riesgos climáticos.