Un equipo internacional de astrónomos ha logrado reconstruir la evolución de los discos galácticos durante los últimos 10.000 millones de años, gracias a las observaciones sin precedentes del telescopio espacial James Webb (JWST). El hallazgo, publicado el 26 de junio de 2025 en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, demuestra que las galaxias de disco, como la Vía Láctea, formaron inicialmente un disco grueso poblado de estrellas antiguas y pobres en metales, y solo posteriormente desarrollaron un disco delgado, rico en estrellas jóvenes y metales pesados.
El estudio se basa en el análisis detallado de 111 galaxias distantes alineadas de canto, cuyas imágenes de alta resolución obtenidas por el JWST permitieron observar sus estructuras verticales con una nitidez sin precedentes. Los investigadores identificaron que, en el universo primitivo, predominaban los discos gruesos, mientras que en épocas más recientes surgieron sistemas de dos capas, con un disco delgado dentro del disco grueso original. Este patrón coincide con lo observado en la propia Vía Láctea.
Según Takafumi Tsukui, autor principal del estudio, “observar galaxias distantes es como usar una máquina del tiempo”, ya que permite rastrear cómo han evolucionado sus discos estelares a lo largo de la historia cósmica. El equipo estima que los discos delgados en galaxias comparables a la Vía Láctea se formaron hace unos 8.000 millones de años, dato que coincide con las edades estelares medidas en nuestro propio entorno galáctico.
El trabajo no se limitó a la morfología. Los astrónomos también analizaron el movimiento del gas, información del radiotelescopio ALMA y estudios terrestres previos para comprender el proceso de transición de un disco grueso a uno delgado. Encontraron que, en el universo temprano, los discos galácticos eran ricos en gas y turbulentos, lo que favorecía la formación de discos gruesos. A medida que estos discos evolucionaban, estabilizaban el gas y permitían el desarrollo posterior de un disco delgado y estable.
La investigación muestra que las galaxias más masivas lograron formar sus discos delgados antes que las menos masivas, lo que apunta a una variabilidad en el ritmo de evolución galáctica según el tamaño y el contenido de gas disponible. Esta nueva ventana a la historia de las galaxias permitirá perfeccionar los modelos de formación y evolución galáctica, estableciendo puentes entre el estudio de galaxias cercanas y las más distantes.
Las imágenes del JWST demuestran que la secuencia de formación de la Vía Láctea —primero disco grueso, luego delgado— no es un caso aislado, sino una regla general en el cosmos. Esta conclusión ayuda a responder una de las grandes preguntas de la astronomía: ¿es la evolución de nuestra galaxia un modelo típico en el universo?
El equipo espera que sus resultados contribuyan a conectar los estudios sobre galaxias locales con los de objetos cósmicos lejanos, y a entender mejor el papel de la formación secuencial de discos en la diversidad estructural del universo. Las observaciones del JWST, que actúa como una auténtica máquina del tiempo cósmica, continúan revolucionando nuestra visión sobre el origen y la evolución de las galaxias.