La política comercial de Estados Unidos vuelve a ocupar titulares globales tras el anuncio del presidente Donald Trump de duplicar los aranceles al acero y aluminio importados, pasando del 25% al 50%. Esta medida, comunicada en un mitin en Pensilvania, busca “proteger los empleos estadounidenses” y fortalecer la seguridad industrial, en un contexto de tensiones crecientes con sus principales socios comerciales.
La decisión, que entrará en vigor el 4 de junio, impactará no solo a los productores extranjeros, sino también a las cadenas de suministro y a los consumidores estadounidenses. El sector industrial, especialmente empresas como Cleveland-Cliffs, ha reaccionado con optimismo en la bolsa, mientras que las cámaras de comercio de Canadá y Australia han expresado fuertes críticas, advirtiendo sobre posibles represalias y rupturas en la cooperación internacional.
Trump justificó el aumento arancelario citando la necesidad de preservar el empleo y la producción nacional frente a la competencia extranjera, destacando que “elevar los aranceles al acero que ingresa a Estados Unidos reforzará la seguridad de la industria siderúrgica estadounidense”. Sin embargo, la Cámara de Comercio Canadiense calificó la medida como “antitética a la seguridad económica de América del Norte”, y Australia la tachó de “injustificada y no el acto de un amigo”.
El anuncio coincidió con la promoción de un acuerdo de 14.900 millones de dólares entre Nippon Steel y US Steel, que según Trump servirá para proteger los empleos en la emblemática región industrial de Pensilvania, clave en las próximas elecciones presidenciales. El presidente estadounidense también subrayó que los nuevos aranceles incluyen productos de aluminio, ampliando el alcance de la medida a toda la cadena metalúrgica.
Los aranceles al acero y aluminio han sido un eje central de la política comercial de Trump desde su retorno a la Casa Blanca. Bajo la autoridad de la Sección 232 de seguridad nacional, Estados Unidos grava no solo metales en bruto, sino también una amplia variedad de productos derivados, desde fregaderos hasta piezas de automóviles y bisagras de puertas, lo que incrementa el impacto en múltiples sectores.
En 2024, EE. UU. importó 26,2 millones de toneladas de acero, con un valor total de 147.300 millones de dólares para 289 categorías de productos afectados. El Departamento de Comercio prevé que la duplicación de los aranceles elevará los precios internos, beneficiando a los productores nacionales pero afectando a consumidores e industrias dependientes de insumos importados.
La reacción internacional no se hizo esperar. Canadá, uno de los principales proveedores de acero y aluminio a EE. UU., denunció la ruptura de cadenas de suministro eficientes y advirtió de los altos costes para ambos países. Australia, por su parte, reclamó la eliminación de los aranceles y alertó sobre el riesgo de una “autodestrucción económica” derivada del proteccionismo.
El endurecimiento arancelario se produce en un clima de creciente rivalidad comercial con China, a la que Trump acusó de violar acuerdos previos sobre minerales críticos y comercio justo. Todo indica que la nueva escalada arancelaria profundizará la guerra comercial global, con efectos en la industria, el empleo y los precios al consumidor en EE. UU. y el resto del mundo.
Fuente: Reuters