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Las partículas biológicas en el aire podrían ser clave para desencadenar lluvias intensas

Un estudio de la EPFL revela que bacterias, polen y esporas impulsan la formación de hielo en las nubes y desencadenan precipitaciones intensas

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Ilustración de partículas biológicas ascendiendo hacia nubes
Las bacterias y el polen actúan como núcleos para la formación de lluvia, según nuevas investigaciones atmosféricas.

Las lluvias torrenciales, las tormentas de nieve y otros eventos meteorológicos extremos podrían tener un desencadenante invisible pero fundamental: las partículas biológicas en suspensión en la atmósfera. Un estudio liderado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) demuestra que bacterias, polen, esporas y fragmentos vegetales actúan como núcleos para la formación de hielo en las nubes, activando precipitaciones más intensas de lo esperado.

Publicado en la revista Climate and Atmospheric Sciences, el estudio pone en evidencia que estos elementos orgánicos flotantes podrían estar más implicados en el ciclo hidrológico de lo que estimaban los modelos meteorológicos actuales, los cuales omiten en gran medida su influencia. Esta omisión adquiere nueva relevancia en un contexto climático donde el calentamiento global incrementará la abundancia de partículas biológicas en el aire.

El equipo científico tomó como escenario el Monte Helmos, en Grecia, una región alpina con condiciones ideales para el estudio de las interacciones entre vegetación, atmósfera y nubosidad. Desde esta zona, donde los bosques emiten constantemente material biológico al aire, se recolectaron muestras que revelaron una fuerte correlación entre la presencia de partículas biológicas y la nucleación de hielo en las nubes.

Lluvia intensa cayendo sobre una calle urbana con autos
Las lluvias extremas en zonas urbanas revelan el impacto creciente del cambio climático en la infraestructura moderna.

Según Kunfeng Gao, coautor del estudio, “el número de partículas capaces de inducir hielo sigue el mismo ritmo diario que la emisión de polen y esporas”. Este hallazgo refuerza la idea de que la meteorología no solo depende de temperatura y humedad, sino también de la actividad biológica atmosférica.

Para Thanos Nenes, autor principal y líder del consorcio europeo CleanCloud, los modelos meteorológicos y climáticos actuales están desactualizados al no incorporar la influencia de estas partículas biológicas. Esta omisión puede conducir a pronósticos imprecisos y a subestimar eventos extremos.

En colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA), el equipo de CleanCloud está integrando estos hallazgos en los algoritmos del satélite EarthCare. A través de lidares, radares y globos de muestreo, buscan mapear con precisión cómo influyen estas partículas en la formación de nubes y precipitaciones.

El Monte Helmos es también el epicentro de la campaña CHOPIN, que amplía la instrumentación para estudiar qué tipos de partículas inducen mejor la formación de hielo. Esta iniciativa proporciona datos valiosos para anticipar escenarios climáticos futuros donde la atmósfera será más activa biológicamente.

Estos descubrimientos apuntan a una nueva visión del clima: uno donde los organismos vivos no solo sufren sus efectos, sino que también lo modulan. Incluir la biología en los modelos será clave para mejorar predicciones, gestionar el agua y adaptarse a un mundo en transformación. El aire, más que nunca, está vivo.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las partículas biológicas en la atmósfera?

Son elementos como polen, esporas, bacterias o restos vegetales que flotan en el aire.

¿Cómo afectan estas partículas a la formación de lluvia?

Inducen la formación de hielo en las nubes, acelerando las precipitaciones.

¿Por qué no se incluían en los modelos meteorológicos?

Porque hasta ahora se subestimaba su impacto y su dinámica diaria.

¿Qué regiones pueden verse más afectadas?

Zonas boscosas y alpinas, donde se emiten más partículas biológicas activas.

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