El sureste europeo, que abarca Grecia, Anatolia occidental y los Balcanes, es una de las regiones más activas sísmicamente del continente. Durante siglos, sismos devastadores han marcado la historia local, pero las causas precisas de esta inestabilidad siguen siendo objeto de debate científico.
Un nuevo estudio internacional ha logrado identificar, mediante modelos viscoelásticos avanzados y observaciones satelitales, los factores clave que impulsan la deformación de la corteza terrestre en esta región. Los resultados apuntan a que no solo la colisión entre placas es determinante, sino también la llamada “succión de las fosas” en las zonas de subducción.
Los científicos analizaron el movimiento de las placas de Eurasia y Nubia, utilizando datos del Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS) para mapear con precisión los desplazamientos de la superficie. Se aplicó un enfoque bayesiano y modelos de elementos finitos para recrear el comportamiento mecánico de la litosfera a gran escala.
En este contexto, la “succión de las fosas” se refiere a una fuerza que tira de la placa superior hacia la zona de subducción, favoreciendo la extensión y deformación de la corteza en áreas como Grecia y Anatolia. Esta fuerza, tradicionalmente subestimada, resulta ser tan influyente como las propias colisiones de placas.
El estudio revela que las velocidades superficiales observadas en la región se explican principalmente por una combinación de fuerzas: el movimiento de las placas circundantes, la variación de la energía potencial gravitacional debido a la topografía, y las intensas fuerzas de succión en las zanjas de subducción.
Curiosamente, la resistencia interna a lo largo de las fallas principales, como la Falla de Anatolia del Norte y la de Cefalonia, varía significativamente. En la mayoría de los segmentos de límite de placa, esta resistencia es baja, pero en ciertas zonas intracontinentales puede ser mucho mayor, condicionando el riesgo sísmico.
Uno de los hallazgos más notables es que el déficit de deslizamiento —acumulación de tensión que podría liberarse en un terremoto— es especialmente alto en la zona de la falla de Cefalonia, superando los 4 mm por año en algunos puntos. Esto concuerda con la intensa actividad sísmica registrada en la zona.
A diferencia de lo que se pensaba, la influencia del flujo del manto terrestre debajo de la litosfera es menor de lo estimado. Las tracciones convectivas apenas contribuyen a la deformación de la placa superior, relegando el protagonismo a las fuerzas superficiales y a la dinámica de subducción.
En cuanto a la viscosidad de la litosfera euroasiática, el estudio sitúa su valor medio en torno a 10²² Pa·s, un parámetro esencial para entender cómo la roca responde a largo plazo ante las fuerzas tectónicas y la acumulación de energía sísmica.
Estas conclusiones no solo ayudan a explicar la actual distribución de terremotos en el sureste europeo, sino que también ofrecen una herramienta poderosa para predecir zonas de acumulación de tensión sísmica y mejorar la evaluación de riesgos.
A pesar de los avances, los autores reconocen la necesidad de modelos aún más detallados, que incluyan microplacas como la Apulia y fallas menores no consideradas hasta ahora, para afinar la comprensión de la dinámica regional.
Este trabajo redefine el mapa de riesgos sísmicos en el Mediterráneo oriental, invitando a una revisión de las estrategias de prevención y respuesta ante terremotos en países como Grecia, Turquía y los Balcanes, donde la succión de las fosas es ahora un actor protagonista.
Fuente: AGU Publications