Un equipo internacional de científicos ha detectado que la bacteria Yersinia pestis ha experimentado una modificación genética capaz de reducir la mortalidad de la peste negra. El cambio, centrado en el gen pla, implica una menor cantidad de copias en el patógeno, lo que se traduce en infecciones menos letales que en los brotes históricos.
Sin embargo, la menor letalidad no es necesariamente una buena noticia. Los investigadores advierten que, al prolongar la vida del portador, la bacteria podría aumentar su capacidad para propagarse, especialmente en contextos donde la densidad de roedores —los principales reservorios— es baja y los brotes tradicionales han diezmado las poblaciones.
El experimento, realizado con ratones, mostró que aquellos infectados con la cepa modificada sobrevivían más tiempo y la mortalidad descendía del 100% al 85% en la peste bubónica, aunque el efecto no se observó en infecciones sanguíneas o pulmonares, donde la gravedad se mantiene alta. Esto sugiere una evolución adaptativa específica para ciertas formas de la enfermedad.
El análisis genético de cepas antiguas y modernas reveló que la reducción del gen pla no es un fenómeno reciente, sino que ha surgido en diversas ocasiones a lo largo de la historia. En algunos estudios, hasta la mitad de las cepas históricas presentaban este cambio, lo que ayuda a entender cómo la bacteria se ha adaptado para sobrevivir tras las grandes pandemias medievales.
Según la coautora Ravneet Sidhu, paleogenetista de la Universidad McMaster, la reducción de la letalidad podría ser una estrategia evolutiva para favorecer la supervivencia de la bacteria cuando la densidad de hospedadores cae drásticamente, prolongando la infectividad y facilitando su dispersión.
El mecanismo genético consiste en la eliminación de una región de ADN donde se encuentra el gen pla y la integración de un plásmido portador en otras regiones del genoma bacteriano. Este pequeño cambio, lejos de una deleción completa, ejemplifica cómo variaciones sutiles pueden tener impactos profundos en la biología de un patógeno.
El estudio destaca que estos cambios pueden tener consecuencias significativas para la salud pública. Aunque la peste negra no representa hoy una amenaza pandémica a gran escala, la bacteria sigue circulando en pequeños focos en América, Asia y África, por lo que comprender su evolución resulta esencial para la vigilancia epidemiológica.
Francesca Short, microbióloga de la Universidad de Monash, subraya que el hallazgo no implica un escenario menos preocupante: una menor virulencia puede favorecer la persistencia y la expansión silenciosa de la enfermedad, especialmente cuando los síntomas son más leves y el diagnóstico puede retrasarse.
No obstante, los autores del estudio recomiendan cautela antes de extrapolar los resultados a otros patógenos. Cada enfermedad tiene mecanismos evolutivos propios, y las ventajas evolutivas para una bacteria pueden no aplicarse a otros virus o bacterias responsables de pandemias recientes.
El caso de Yersinia pestis ofrece una ventana única a la compleja relación entre la evolución microbiana y la dinámica de las poblaciones humanas y animales. La historia de la peste negra ilustra cómo pequeños cambios pueden alterar profundamente el destino de una enfermedad infecciosa.
El estudio refuerza la importancia de la vigilancia genética y de la investigación multidisciplinaria para anticipar y comprender los riesgos emergentes, incluso en patógenos históricos que, lejos de desaparecer, continúan adaptándose en silencio.
Fuente: Basado en información publicada en la revista científica: Nature