La industria automotriz china, la más grande del mundo, se encuentra en el centro de la controversia internacional tras revelarse que está exportando coches nuevos bajo la categoría de autos usados, una práctica que permite inflar las cifras de ventas y mantener la producción en niveles elevados. Esta táctica, conocida como la exportación de coches de “kilometraje cero”, ha despertado críticas tanto dentro como fuera de China por sus implicaciones comerciales y éticas.
Desde 2019, miles de automóviles recién salidos de la línea de ensamblaje se registran como usados en el mercado interno antes de ser enviados a destinos como Rusia, Asia Central y Oriente Medio. Estos vehículos, que nunca han sido conducidos por particulares, se venden como autos de segunda mano en el extranjero, lo que beneficia a los fabricantes chinos y a los gobiernos regionales que buscan cumplir con ambiciosos objetivos económicos fijados por Pekín.
El fenómeno de los “autos de kilometraje cero” ha sido impulsado por una feroz guerra de precios dentro del sector automotor chino, en la que las empresas buscan asegurar cualquier venta posible. El respaldo de los gobiernos locales ha sido clave: facilitan trámites, asignan licencias extra para exportaciones y otorgan incentivos fiscales a las empresas involucradas. Todo esto, en un intento de mostrar un crecimiento robusto en el sector y evitar excedentes de stock que podrían afectar la economía local.
Según estimaciones de asociaciones automovilísticas, cerca del 90% de los autos usados exportados por China en 2024 eran en realidad coches nuevos registrados como usados, lo que representa un volumen considerable dentro de las exportaciones totales del país. Los fabricantes contabilizan estos vehículos como ventas realizadas, inflando sus cifras y posicionando a China como el principal exportador mundial de automóviles, superando incluso a Japón en 2023.
Sin embargo, esta práctica ha generado tensiones con reguladores y competidores internacionales. Algunos países, como Rusia y Jordania, han comenzado a modificar sus normativas para evitar la entrada de coches “usados” que en realidad son nuevos, temiendo el desplazamiento de concesionarios locales y la distorsión del mercado. Además, la proliferación de autos de “kilometraje cero” ha alimentado acusaciones de dumping automotriz y subsidios encubiertos por parte de Beijing.
Dentro de China, el debate ha alcanzado a los propios fabricantes y consultores del sector, quienes advierten que esta táctica podría dañar la reputación internacional de las marcas chinas a largo plazo. El Diario del Pueblo, portavoz del Partido Comunista, ha pedido medidas regulatorias más estrictas, mientras que ejecutivos de grandes compañías automotrices temen una pérdida de confianza por parte de inversores y consumidores extranjeros.
La exportación de autos de kilometraje cero también refleja los desafíos estructurales que enfrenta la industria automotriz china, marcada por una producción que supera la demanda interna y una presión constante para encontrar nuevos mercados en el extranjero. El auge de los vehículos eléctricos, apoyado por generosos subsidios estatales, ha acelerado aún más esta tendencia y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las actuales políticas industriales.
El auge de la exportación de autos nuevos como usados ha dado lugar a una intensa competencia entre intermediarios, concesionarios y hasta usuarios de plataformas digitales como TikTok, que buscan aprovechar la rentabilidad de este mercado gris. Sin embargo, los márgenes de ganancia comienzan a reducirse ante la saturación de la oferta y la creciente vigilancia de reguladores internacionales y locales.
Mientras tanto, la controversia sigue creciendo en los principales centros de exportación chinos, donde la urgencia por cumplir metas económicas parece prevalecer sobre la transparencia y la equidad comercial. El futuro de la industria automotriz china dependerá en buena medida de cómo Pekín y la comunidad internacional aborden el desafío de regular estas prácticas y garantizar una competencia justa en el mercado global.