El proyecto había sido presentado como el sucesor del exitoso R1, que logró reconocimiento internacional por su eficiencia y bajo costo. Sin embargo, el gobierno chino presionó a la empresa para que utilizara exclusivamente hardware nacional en el entrenamiento de R2, algo que finalmente se convirtió en un obstáculo insalvable.
Los ingenieros de DeepSeek reportaron múltiples fallos en los chips de Huawei. La comunicación entre procesadores resultó lenta y la falta de un ecosistema equivalente al CUDA de NVIDIA limitó gravemente el avance. Pese a la asistencia directa de ingenieros de Huawei, las dificultades persistieron durante semanas sin resultados concretos.
Ante este escenario, la compañía optó por una solución intermedia: entrenar el modelo R2 con chips de NVIDIA H20 y reservar los procesadores Ascend únicamente para la fase de inferencia, que requiere menos potencia computacional. La decisión permite avanzar, aunque supone un revés para la política de autosuficiencia.
El retraso llega en un momento clave, ya que DeepSeek había anunciado que R2 competiría directamente con GPT-5, ofreciendo un sistema más eficiente y hasta veinte veces más barato. La demora no solo afecta su imagen, sino también la percepción de China como potencia emergente en inteligencia artificial.
En mayo, medios especializados destacaban que DeepSeek se había convertido en el mayor desafío para OpenAI y Microsoft, al punto de que ejecutivos de ambas compañías reconocieron públicamente la calidad del modelo R1. El contraste entre ese reconocimiento y los actuales problemas técnicos ha generado gran atención en el sector.
Más allá de la tecnología, este episodio refleja el choque entre ambiciones políticas y limitaciones técnicas. Las autoridades chinas insisten en reducir la dependencia de hardware extranjero, pero los procesadores nacionales todavía no ofrecen el rendimiento requerido para entrenamientos de gran escala.
El caso también reaviva el debate sobre las vulnerabilidades estratégicas de China frente a Estados Unidos. Aunque los chips de NVIDIA son líderes indiscutibles, el temor a posibles restricciones o puertas traseras persiste en Pekín, lo que explica la insistencia en desarrollar alternativas propias.
DeepSeek, por su parte, mantiene la expectativa de completar el entrenamiento de R2 en las próximas semanas, confiando en que el respaldo de NVIDIA permita entregar un modelo estable. La compañía ha reiterado que su prioridad es la calidad técnica y no los plazos políticos.
Expertos señalan que este contratiempo es un recordatorio de que la inteligencia artificial no avanza al ritmo de los discursos oficiales. La innovación exige ecosistemas maduros, desde software hasta soporte técnico, algo que Huawei todavía no ha conseguido consolidar.
La conclusión es clara: en el mundo de la IA, la tecnología decide más que la política. DeepSeek podrá seguir siendo una referencia global, pero la independencia tecnológica de China aún parece lejana frente al dominio de NVIDIA en el corazón de la inteligencia artificial.