En el corazón de la cueva de Isturitz, al pie de los Pirineos atlánticos franceses, arqueólogos han desenterrado un capítulo desconocido del pasado, el uso sistemático de huesos de ballena por humanos hace unos 20.000 años. El reciente estudio, liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el CNRS de Francia, documenta decenas de herramientas óseas halladas en yacimientos del Golfo de Vizcaya, lo que convierte a estos vestigios en las herramientas de hueso de ballena más antiguas identificadas hasta ahora en Europa.
Hasta ahora, el rol de ballenas en la prehistoria había sido casi invisible. Ahora, sin embargo, los hallazgos publicados en Nature Communications demuestran que estos mamíferos gigantes no solo fueron fuente de recursos y materias, sino que aportaban tecnología. Ya en 2022, los excavadores en Isturitz, complementados por espectrometrías de masas y análisis radiocarbonados, establecieron la identidad de restos de no menos de cuatro especies de grandes ballenas, entre ellas cachalotes, rorcuales comunes, ballenas azules y grises. Algunas de esas mismas criaturas vivían en aguas que, a raíz de la última glaciación, hoy se relacionan más a los océanos Pacífico y Ártico.
El problema de mantener restos de actividades costaneras tan antiguas siempre ha sido un escollo en la arqueología marina, ya que la subida del nivel del agua elimina y destruye gran parte de los testimonios. Por eso, la salvación de estos esqueletos en cuevas interiores es prácticamente un milagro y ventana a la compleja relación entre los humanos y los mamíferos del mar del Paleolítico superior.
La investigación, liderada por Jean-Marc Pétillon y Krista McGrath, hizo uso de nuevas técnicas como ZooMS, que permite identificar a partir de fragmentos óseos sin rasgos distintivos. De este modo, no solo se ha podido reconstruir la presencia de ballenas en la dieta y la cultura material de estos grupos humanos, sino que se han establecido los posibles cambios en la ecología y en el comportamiento del pasado. Los análisis químicos de los restos osificados apuntan a que los ballenatos del Golfo de Vizcaya disfrutaban de hábitos alimenticios diferentes a los actuales, testimonio de un entorno marino, en cambio.
Lejos de ser un hallazgo anecdótico, estos dispositivos demuestran la flexibilidad tecnológica de nuestros antepasados y su profundo comprensión de los recursos del mar. La explotación de los restos de grandes cetáceos como materia prima demuestra una economía recicladora, constante observación de los ciclos costeros y manejo hábil de los recursos naturales de ese tiempo caracterizado por la inestabilidad climática y cambio ambiental.
Este descubrimiento abre nuevas cuestiones sobre la movilidad de los grupos prehistóricos, sobre el alcance de su red de intercambio y sobre la importancia de la fauna del mar dentro de su cosmovisión. Cada herramienta, cada fragmento tallado, es testigo de un vínculo complejo entre los primeros europeos y los gigantes del océano, uno que tuvo un papel activo a la hora de configurar la resiliencia y creatividad humanas.
En última instancia, la aparición de las primeras herramientas de hueso de ballena no solo aporta a nuestro campo de conocimiento sobre la prehistoria del Atlántico del norte, si no además enlaza a la historia de los humanos a la evolución y la transformación de los ecosistemas del mar, recordándonos hasta dónde el destino de nuestra raza y los grandes animales del mar han permanecido, y siguen permaneciendo, entrelazados.
Referencias: DOI 10.1038/s41467-025-59486-8